El fenómeno therian: síntoma de una sociedad que pierde sus límites identitarios
Therians: síntoma de una sociedad sin límites identitarios

El fenómeno therian: más que una curiosidad digital

En el complejo ejercicio de vivir, hemos llegado a un punto donde cuestionar la legitimidad de todo planteamiento parece haberse abandonado. El llamado movimiento de los therians -personas que se identifican parcial o espiritualmente como animales- trasciende la mera curiosidad digital o idea juvenil absurda. Representa un síntoma cultural profundo que habla tanto de nuestra época como de quienes la encarnan.

¿Una sociedad rota en su concepción de identidad?

Durante décadas, convivimos con respeto la idea del libre desarrollo de la personalidad, presentada como conquista frente a sociedades rígidas y represivas. Sin embargo, hoy presenciamos algo radicalmente distinto: una expansión ilimitada de la identidad que termina distorsionándola profundamente, afectando también el orden biológico y universal.

Todo lo que se plantea sin orden ni estructura no es más que dispersión. Vivimos en un mundo que se resquebraja diariamente de manera permisiva, donde se normaliza preguntarle a un niño de ocho años "¿de qué género se siente?", donde se exige valorar a quienes se creen mesa o árbol, y donde se expone sin mediación la posibilidad de interpretarse como gato, perro o zorro.

La validación sin crítica y la fractura del sentido

Cuando toda autopercepción exige reconocimiento público inmediato, cuando disentir se convierte en agresión, la conversación social se fractura y el sentido de la existencia se desvanece. Las redes sociales actúan como catalizador fundamental de este fenómeno, proporcionando visibilidad, aplauso a la rareza y seguimiento al gesto extremo carente de fundamento.

¿Cuánto ha contribuido el algoritmo a la falta de reflexión? ¿A premiar el exceso de singularidad llamativa? Es precisamente en estos espacios donde la identidad se transforma en espectáculo, perdiendo su profundidad y significado auténtico.

El problema no es la rareza, sino la ausencia de criterios

Las expresiones identitarias inusuales han existido siempre. El verdadero problema surge cuando se diluye cualquier criterio de orden, coherencia o realidad compartida; cuando la autoafirmación individual se vuelve incuestionable por principio; cuando cuestionar se interpreta sistemáticamente como violencia.

Entonces aparece la comedia del absurdo: quienes defienden normas mínimas de racionalidad y límites basados en el sentido común son presentados como intolerantes. La prudencia se convirtió en caricatura y el desacuerdo en patología social.

La identidad requiere profundidad, no moda efímera

Esta ampliación mal entendida de la libertad constituye uno de los focos del debilitamiento de la salud mental colectiva. La identidad no puede construirse desde lo efímero del deseo o de la moda pasajera. Requiere profundidad, anclaje y estructura sólida.

Sin estos elementos, todo se convierte en narrativa frágil que depende permanentemente de la aprobación externa. Toda sociedad necesita apertura, ciertamente, pero también requiere límites claros. Necesita acuerdos mínimos sobre lo que significa ser humano y convivir en comunidad.

No toda autodefinición exige adhesión obligatoria. La gran preocupación no radica únicamente en que surjan estos movimientos, sino en el vacío cultural externo que los hace posibles y que, además, los sostiene artificialmente.