El lunes 4 de mayo, cerca de las 11 de la noche, el tiempo se detuvo para nueve familias. Una explosión a 600 metros de profundidad en la mina La Ciscuda, ubicada a 35 minutos de Sutatausa, dejó atrapados a varios trabajadores. Inicialmente se reportaron 15 mineros atrapados, pero seis lograron salir con vida y fueron trasladados al Hospital El Salvador de Ubaté. Uno de ellos, por su gravedad, fue remitido a la Fundación Santa Fe en Bogotá.
El drama de los familiares
En el hospital, el ambiente era desolador. Familiares, amigos y compañeros de los mineros llegaron para buscar noticias. Entre ellos, Jaiber Aponzá Caicedo, primo de Crisanto Balanta, una de las víctimas fatales. Llegó en bicicleta, con overol azul y gorra militar, aún impactado por la noticia que recibió esa mañana. Al ver a la esposa de su primo desconsolada, supo que la Agencia Nacional de Minería había confirmado el fallecimiento de Crisanto tras largas horas de rescate.
Crisanto Balanta, de 54 años, trabajaba como “frentero” en la mina, labor que consiste en avanzar niveles para desprender carbón. Había llegado desde el Valle del Cauca hace unos 20 años, buscando un futuro mejor. Su primo lo recordó como “una persona honorable, trabajadora, juiciosa y responsable con su familia”. Además, reveló que Crisanto estaba cerca de pensionarse y ya adelantaba los trámites.
Más tarde, Daniel Balanta, hermano de la víctima, llegó al hospital visiblemente afectado. Evocó a Crisanto como un guía para sus hermanos, que los aconsejaba en cada decisión. Recordó la última vez que hablaron: habían planeado salir a pescar, “pero no se pudo. Eso fue todo”, expresó con voz entrecortada. Daniel pidió que se investigue la explosión para esclarecer los hechos: “¿Cómo un accidente de esos puede acabar con la vida de todos esos trabajadores? Que al menos salgan a decir qué pasó”.
Los riesgos de la minería
Quienes trabajan en las minas conocen los peligros. Jaiber Aponzá lo resumió: “Uno sabe que esto puede pasar, pero nunca se lo espera”. La secretaria de Minas de Cundinamarca, Sandra Milena Fonseca, señaló que “la actividad minera es muy riesgosa” y que desde 2020 se han registrado 134 emergencias con 175 fallecidos. El año más crítico fue 2023, con 21 muertos en Sutatausa.
Hugo Sandoval, amigo y compañero de Crisanto, describió las condiciones dentro de la mina: “El aire es diferente y es muy oscuro, por lo que únicamente trabajamos con la luz de la lámpara”. Aunque se realizan controles de gases y oxígeno, insistió en que “uno sabe que esto puede pasar, pero nunca se lo espera”.
La mina era legal
La Agencia Nacional de Minería informó que el 9 de abril realizó una inspección en la mina La Ciscuda, dejando recomendaciones de seguridad. La secretaria de Minas confirmó que la mina era legal, con programa de trabajo y plan de manejo ambiental. “Es una empresa conocida en el sector, mediana minería, con todos los documentos en regla”.
El alcalde de Sutatausa, Jhonatan Ricardo Ojeda, solicitó apoyo psicosocial para las familias de las víctimas. La principal hipótesis de la explosión es “una extinción por conflagración de gases”.
Hoy, entre Sutatausa y Ubaté, el dolor se siente en cada conversación. La tragedia dejó historias truncadas, sueños interrumpidos y familias que intentan reconstruirse en medio de la ausencia.



