La dermatóloga Daniela Saavedra, de Clínica Dávila en Chile, relata el caso de una paciente adulta que llegó a su consulta con una lesión en el rostro. La paciente había visto productos en TikTok, los probó y ahora tenía la cara muy irritada. Tras examinarla, Saavedra diagnosticó una dermatitis de contacto extensa alrededor de los párpados y la sien, que requirió tratamiento con corticoides orales.
Historias como esta se repiten entre múltiples dermatólogos a nivel global. Los expertos coinciden en un aumento de los efectos adversos asociados al skincare obsesivo o al uso indiscriminado de productos recomendados en redes sociales para mejorar la apariencia de la piel del rostro.
Preocupación a nivel global
Los especialistas advierten que el fenómeno se ha intensificado en los últimos años, impulsado por plataformas como Instagram y TikTok, donde rutinas de múltiples pasos y recomendaciones sin supervisión profesional se viralizan.
Luis Felipe Parada, dermatólogo de Clínica Indisa en Chile, asegura que las reacciones adversas a productos de skincare son cada vez más frecuentes en la consulta médica, y que los rangos etarios de quienes aplican estas rutinas se han ampliado. Antes eran principalmente mujeres jóvenes, pero ahora incluso se ve en niños y adultos mayores.
Entre los efectos más frecuentes que observan los expertos se encuentran dermatitis, reacciones alérgicas, manchas y el empeoramiento de patologías preexistentes, como brotes de acné o rosácea. Parada indica que esto se debe a que los pacientes han aumentado la cantidad de productos que usan y porque se han popularizado activos que son ácidos y generan peeling o descamación de las capas de la piel.
Marcelo Lefimil, dermatólogo de Clínica Santa María en Chile, comenta que una de esas tendencias populares en entornos en línea son los productos de belleza coreanos, diseñados para pieles y condiciones ambientales distintas a las de América Latina. El skincare coreano pregona el uso de múltiples productos, pero en la región las condiciones de humedad y tipo de piel hacen que esta se reseque más y no tolere tantos productos. Mientras más productos se usen, mayor probabilidad de una reacción adversa.
Este tema levanta preocupación en múltiples países. Según reportó la Universidad de Yale el año pasado, en Estados Unidos los jóvenes están adoptando rutinas de cuidado de la piel cada vez más complejas, incorporando sustancias que requieren supervisión médica.
Productos problemáticos
Entre los productos que más se repiten en las rutinas virales están ingredientes activos como el retinol y el ácido salicílico, ambos ampliamente utilizados en dermatología, pero que requieren un uso adecuado. El retinol, un derivado de la vitamina A que acelera la renovación celular, se utiliza para tratar acné, manchas y signos de envejecimiento. Sin embargo, su uso sin supervisión o en concentraciones inadecuadas puede provocar irritación. Normalmente se utiliza con un esquema de uso progresivo.
Algo similar ocurre con el ácido salicílico, un exfoliante químico que ayuda a destapar los poros, pero que mal utilizado puede resecar la piel y alterar su equilibrio, provocando irritación que puede ser grave. Elisa Bustamante, de 34 años, cuenta que se decidió por este ácido tras ver videos en YouTube de una creadora de contenido que lo recomendaba. Tras aplicarlo, sintió ardor y la cara muy caliente, y al verse en el espejo estaba roja y la piel rugosa y muy dura. El dermatólogo le diagnosticó una irritación grave porque el producto era demasiado abrasivo para su tipo de piel.
Carolina Sepúlveda, dermatóloga de Clínica Biobío en Chile, relata el caso de un paciente que llegó con empeoramiento del acné después de usar un producto que había visto en redes sociales como cicatrizante, pero que terminó ocluyendo sus poros y agravando el cuadro.
Ideales irreales
Detrás de estos casos, los especialistas identifican un patrón: la creciente búsqueda de una piel perfecta. Muchos pacientes tienen la expectativa de una piel lisa, sin poros y completamente uniforme, conocida como glass skin o piel de cristal. Parada opina que actualmente hay ideas obsesivas sobre la piel perfecta, pero los seres humanos tenemos poros, glándulas y vellos, nuestra piel no es completamente lisa. La gente consulta y prueba productos motivada por ideales de redes sociales que son muy difíciles de lograr o inexistentes.
Tomás Tabilo, dermatólogo de Clínica DermAcné, comenta que muchas personas comparan su rostro con el de personas en redes que tienen filtros o que siempre van maquilladas. En esa búsqueda de una piel de porcelana, la intervienen y agregan más productos cuando la verdad es que la piel responde mejor ante menos intervenciones.
Los médicos coinciden en que menos es más. Sepúlveda señala que lo básico debería ser un limpiador, un hidratante y un fotoprotector. El resto, de ser necesario, debería ser indicado por un dermatólogo. Tabilo advierte que ante la gran oferta y el exceso de información, los pacientes prueban distintas cosas al no saber qué les conviene. Incorporar rutinas de muchos pasos o con nuevos productos constantemente es como un azar biológico que puede decantar en nuevos problemas o empeorar condiciones.
Según Tabilo, no sería un pecado probar un nuevo limpiador o crema humectante, pero si se tiene un producto con compuestos como ácidos exfoliantes o retinoides, deben ser siempre evaluados por médicos. Los expertos también recomiendan precaución con productos cosméticos vendidos por internet, ya que es más difícil verificar si cuentan con registro sanitario y el origen de sus componentes.



