Dos operaciones antidroga desarrolladas en los últimos días en aguas del Atlántico y el Caribe volvieron a poner en evidencia tanto la capacidad de reacción de las autoridades como la magnitud desbordada del narcotráfico transnacional. De un lado, la Guardia Civil española interceptó frente a las costas del Sahara Occidental un carguero que transportaba un gigantesco alijo de cocaína que podría alcanzar cifras récord para Europa: unas 45 toneladas. Del otro, la Armada de Colombia y la Marina de Países Bajos lograron decomisar cerca de cuatro toneladas de cocaína y marihuana en rutas marítimas del Caribe utilizadas por redes criminales internacionales.
Reconocimiento a la coordinación internacional
Estas operaciones merecen reconocimiento. Las autoridades de Colombia, España y Países Bajos han demostrado capacidad operativa, coordinación internacional e inteligencia para seguirles el paso a estructuras criminales cada vez más sofisticadas y flexibles. Frente a ello, los organismos de seguridad también han debido adaptarse, anticiparse y actuar en escenarios complejos y costosos.
Cooperación que funciona
Estas operaciones muestran que la cooperación internacional sí funciona y que compartir inteligencia en tiempo real permite asestar golpes relevantes a las finanzas criminales. Cada tonelada decomisada significa menos recursos para redes dedicadas no solo al tráfico de drogas, sino también a la corrupción, la violencia y la desestabilización institucional en distintos países.
La realidad innegable
Pero hay una realidad innegable. Incautaciones de semejante magnitud son reflejo de un mercado gigantesco y de una producción enorme. Si se decomisan decenas de toneladas en altamar es porque la cocaína sigue produciéndose masivamente en América Latina, particularmente en nuestro país, donde los cultivos ilícitos y las cadenas del narcotráfico continúan expandiéndose.
Estos esfuerzos son valiosos, pero terminan perdiendo su valor si no se acompañan de acciones igual de audaces y eficaces para enfrentar la producción en el origen. El desafío sigue siendo integral.



