Confrontación en Viernes Santo: Marcha trans interrumpe Viacrucis en Bogotá
Marcha trans interrumpe Viacrucis en Bogotá el Viernes Santo

Confrontación entre manifestación trans y celebración religiosa en el centro de Bogotá

Lo que inició como una jornada de conmemoración religiosa en el corazón de Bogotá culminó en un tenso enfrentamiento jurídico y social durante la tarde del Viernes Santo. Mientras cientos de devotos participaban en el tradicional Viacrucis, una movilización de la comunidad trans recorrió la emblemática carrera Séptima realizando actos simbólicos que contrastaban directamente con las celebraciones de la Semana Mayor, generando un profundo choque entre el derecho a la protesta y la libertad de culto.

Origen y desarrollo de la movilización trans

De acuerdo con informes oficiales de la Secretaría de Gobierno, la movilización comenzó en el Museo Nacional con el objetivo claro de visibilizar denuncias contra el abuso policial y las estructuras de poder que influyen en el país, incluyendo específicamente a la Iglesia Católica. La jornada incluyó seis paradas performáticas cuidadosamente planificadas, destacando especialmente un acto en el CAI de San Diego donde se quemó una prenda de vestir como símbolo de protesta.

Además, se realizaron breves intervenciones en los atrios de tres importantes iglesias del centro histórico: Las Nieves, San Francisco y Nuestra Señora de las Aguas. Estas acciones buscaban crear un contrapunto directo con las celebraciones religiosas que se desarrollaban simultáneamente en la ciudad.

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La estética que generó controversia

La presentación visual del performance, que incorporó indumentaria de látex, cadenas y simbología que diversos sectores identificaron como "satánica", desató inmediata indignación entre los asistentes a las liturgias. En la iglesia de San Francisco, ubicada estratégicamente en la Avenida Jiménez con carrera Séptima, el grupo interrumpió directamente la ceremonia religiosa con cánticos y proclamas, lo que obligó a los fieles a intentar cerrar las puertas del templo para proteger la celebración.

Testigos presenciales y transeúntes calificaron rápidamente el acto en redes sociales como una "burla directa y una provocación inaceptable" en la fecha más significativa del calendario católico. La tensión se palpaba en el ambiente mientras ambas expresiones, la religiosa y la de protesta, coexistían en el mismo espacio público.

El complejo vacío legal y riesgo penal

Más allá del rechazo social inmediato, el incidente abre un escenario legal particularmente complejo. Expertos jurídicos han recordado que la Ley 133 de 1994, que reglamenta específicamente la libertad religiosa en Colombia, excluye expresamente las manifestaciones relacionadas con el satanismo del ámbito de protección legal. Esta exclusión implica que tales expresiones no gozan de las mismas garantías legales que las confesiones de fe establecidas y reconocidas oficialmente.

El debate se traslada además al Código Penal colombiano, donde los artículos 201 y 202 sancionan explícitamente toda conducta que implique la perturbación o afectación directa de ceremonias religiosas. Bajo este marco legal, juristas especializados advierten que estos hechos no podrían ser amparados bajo el paraguas de la libertad de expresión si se logra acreditar que existió una interrupción efectiva y deliberada de la celebración eucarística.

Balance oficial y resolución del conflicto

A pesar de las tensiones evidentes durante la jornada, la Secretaría de Gobierno informó finalmente que la movilización concluyó con normalidad tras la intervención y mediación del Equipo de Diálogo Social. El reporte oficial detalló que, al cierre de la tarde en el sector de Las Aguas, la dinámica de la marcha derivó gradualmente en una actividad de esparcimiento en el espacio público sin que se registraran capturas ni daños materiales a los templos o CAI que formaron parte de la ruta performática.

Este episodio deja en evidencia las tensiones latentes entre diferentes expresiones sociales en el espacio público bogotano, particularmente en fechas de alta significación religiosa, y plantea preguntas fundamentales sobre los límites de la protesta, la protección de las prácticas religiosas y la convivencia en una sociedad diversa.

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