Transformación digital en Colombia: ¿Avance real o retroceso disfrazado de modernidad?
Transformación digital: ¿Avance real o retroceso disfrazado?

Transformación digital en Colombia: ¿Avance real o retroceso disfrazado de modernidad?

Nos encontramos en un momento histórico particularmente significativo para Colombia y el mundo. La transformación digital ha dejado de ser una tendencia emergente o una opción estratégica para convertirse en una realidad que redefine profundamente cómo operan las organizaciones, se ejerce el poder público, se toman decisiones y se garantiza el desarrollo económico y social de nuestra nación.

Más que tecnología: un cambio cultural necesario

Este proceso implica mucho más que simplemente incorporar soluciones tecnológicas a nuestras instituciones o automatizar procesos existentes, independientemente de las falencias que estos puedan presentar. Significa fomentar el aprendizaje continuo en todos los niveles, adoptar modelos organizacionales más ágiles y flexibles, gestionar responsablemente los datos y la inteligencia artificial, así como construir relaciones sólidas de confianza con clientes, usuarios y ciudadanos colombianos.

En el ámbito privado, las empresas que hoy lideran sus sectores son aquellas capaces de reinventarse continuamente, de generar confianza digital auténtica y de integrar la tecnología con una visión clara de valor y propósito social. En el sector público colombiano, la transformación digital tiene un impacto aún más profundo y trascendental.

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El sector público colombiano frente al desafío digital

La tecnología se ha convertido en una herramienta esencial para mejorar la prestación de servicios estatales, fortalecer la transparencia institucional, garantizar derechos fundamentales y acercar el Estado a la ciudadanía. Sin embargo, este proceso plantea enormes retos jurídicos, institucionales y éticos que deben ser analizados con rigor y sentido crítico por todas las partes involucradas.

La verdadera transformación digital exige un cambio estructural y cultural profundo, una revisión completa de la forma en que concebimos nuestras organizaciones, modelos de negocio, instituciones públicas y la gobernanza en general. De ahí la importancia fundamental de pensar la transformación digital como un proceso integral, donde la estrategia, la regulación, la cultura organizacional y las personas ocupen un lugar central y prioritario.

La realidad actual: tecnologías que alejan en lugar de acercar

En este contexto, los derechos y la atención del ciudadano, paciente, consumidor o usuario deberían ser el eje central de los procesos de transformación digital. Lamentablemente, la garantía y tutela de sus derechos se está convirtiendo, como está sucediendo hasta ahora, en una simple estadística que sirve para soportar los deficientes procesos de "transformación" digital que adelantan algunas empresas y entidades del sector público colombiano.

Debería ser un proceso que permita acercar genuinamente la empresa o el Estado a los clientes y ciudadanos, pero vivimos exactamente lo contrario en Colombia. Las tecnologías implementadas por una gran cantidad de instituciones no han logrado nada distinto de alejar, aún más, a estas de la realidad de aquellos a quienes pretenden servir.

La evolución negativa de la atención al usuario:
  1. Pasamos de la atención presencial, en carne y hueso, personalizada y humana
  2. Luego a la interacción con otra persona por una línea telefónica (call center)
  3. Posteriormente a la atención virtual inicial por chat, donde todavía se interactuaba con otro individuo
  4. Para terminar, como estamos hoy, en la interacción con un chatbot, un programa informático que simula conversaciones humanas mediante texto o voz

También pasamos de la fila física a la virtual, pero con un denominador común preocupante: la solución que espera el cliente, usuario o paciente, después de horas, días o incluso meses de espera, rara vez llega de manera satisfactoria.

Poblaciones vulnerables: los más afectados

Este panorama resulta especialmente crítico cuando hablamos de ciudadanos de la tercera edad en Colombia, quienes se ven forzados a acudir a las nuevas "soluciones" tecnológicas sin contar con el soporte técnico adecuado, sin la capacitación necesaria y sin alternativas reales que respeten sus condiciones particulares y derechos fundamentales.

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Vivimos en un mundo donde el sector público y el privado colombianos parecen tratar a los usuarios atendidos por estos medios digitales como un logro absoluto de sus procesos de transformación y la justificación perfecta de las inversiones realizadas, sin considerar seriamente si las inquietudes o solicitudes de estos han sido debidamente atendidas o si sus derechos han sido tutelados adecuadamente.

Datos que no sirven para mejorar

Estos datos y estadísticas sirven de poco o nada, como sucede actualmente en sectores críticos como salud, telecomunicaciones o transporte en Colombia, para formular políticas públicas realmente eficaces o mejorar efectivamente la experiencia del cliente o usuario. Se convierten en números vacíos que no reflejan la realidad del ciudadano colombiano.

Además, el Estado colombiano y sus entidades de inspección, vigilancia y control parecen entender el problema solamente cuando las quejas se acumulan por miles o cientos de miles, lo que deriva siempre en un actuar tardío, complaciente e ineficiente que no resuelve las causas profundas del problema.

Consecuencias graves para la sociedad colombiana

Mal hacen, entonces, el sector público y el privado colombianos si siguen adelante con procesos de transformación digital que no generan valor real para sus entidades o empresas, sus clientes o usuarios y la comunidad en general. Este camino los conduce inevitablemente a un deterioro constante de su marca, de su valoración social, de su credibilidad institucional y de la importancia que pueden representar para nuestra sociedad colombiana.

La transformación digital en Colombia debe ser repensada urgentemente, colocando al ser humano en el centro y garantizando que la tecnología sirva realmente para mejorar la calidad de vida de todos los colombianos, especialmente de los más vulnerables.