Fallo histórico contra Meta y YouTube por adicción en menores desafía inmunidad de redes sociales
Dos veredictos emitidos esta semana en Estados Unidos, uno en Los Ángeles y otro en Nuevo México, podrían marcar un punto de inflexión en la batalla por responsabilizar a las grandes plataformas digitales por los daños que sufren los menores en internet. Por primera vez, jurados populares fallaron contra Meta y YouTube en casos que tocan el corazón mismo de su modelo de negocio, abriendo una ruta jurídica que durante años parecía bloqueada por la famosa Sección 230, el escudo legal con el que Silicon Valley ha evitado responder por lo que ocurre en sus plataformas.
Dos fallos que rompen un blindaje histórico
En California, un jurado concluyó que Meta y YouTube fueron negligentes en el diseño y operación de Instagram y YouTube, que no advirtieron adecuadamente sobre sus riesgos y que esa conducta fue un "factor sustancial" en el daño sufrido por una joven que alegó haber desarrollado problemas de salud mental tras años de uso compulsivo de ambas plataformas. El jurado ordenó pagar 6 millones de dólares en daños, con una distribución del 70 por ciento para Meta y del 30 por ciento para Google.
En Nuevo México, otro jurado halló a Meta responsable de engañar a los consumidores sobre la seguridad de sus productos y de no proteger adecuadamente a menores de depredadores sexuales, imponiéndole sanciones civiles por 375 millones de dólares bajo la ley estatal de prácticas desleales. Vistas en conjunto, las dos decisiones sugieren que los demandantes han encontrado, al fin, una grieta en la muralla jurídica que durante décadas protegió a las tecnológicas.
La clave: cambiar el eje del litigio
La trascendencia de estos casos radica en el cambio de estrategia legal. En vez de culpar a las compañías por contenidos publicados por terceros —algo que suele tropezar con la Sección 230 del Acta para la Decencia en las Comunicaciones de 1996—, los demandantes enfocaron sus demandas en las decisiones de diseño, funcionamiento y seguridad adoptadas por las propias empresas. En otras palabras, que el daño no provenía del contenido en sí, sino de cómo las plataformas fueron construidas y administradas.
"Lo que está emergiendo de los tribunales es que hay una diferencia legal entre la funcionalidad y conducta de la plataforma y la responsabilidad por lo que digan terceros que usan los productos", afirma Gregory Dickinson, profesor de la Universidad de Nebraska y experto en información digital.
Un precedente que puede reconfigurar toda la industria
El caso de Los Ángeles fue especialmente simbólico porque abordó directamente el debate sobre la adicción y la salud mental. La demandante, identificada como K.G.M. y hoy de 20 años, sostuvo que comenzó a usar YouTube e Instagram cuando era una niña y que las funciones de desplazamiento infinito, reproducción automática y recomendaciones algorítmicas la engancharon hasta el punto de agravar su ansiedad, su dismorfia corporal y sus pensamientos suicidas.
Lo novedoso fue la teoría legal empleada por la parte demandante, comparada abiertamente con la estrategia utilizada en el siglo pasado contra las tabacaleras. La apuesta consistía en presentar a las plataformas no como meros intermediarios neutrales, sino como fabricantes de un producto diseñado para generar dependencia y causar lesiones previsibles, especialmente en menores.
Miles de demandas pendientes y lo que viene
Estos fallos parecen ser solo el preludio de una batalla legal mucho más amplia. Hay miles de demandas similares pendientes contra Meta, TikTok, Snap y YouTube. De ellas, más de 2.400 han sido centralizadas en una sola corte federal de California y miles más avanzan en tribunales estatales. Al menos una docena irá a juicio este año.
Si los demandantes comienzan a encadenar triunfos, la presión sobre las compañías para rediseñar productos, advertir riesgos y negociar acuerdos multimillonarios aumentará de forma dramática. "Simplemente hay demasiada evidencia de que las compañías sabían sobre los daños de sus productos y optaron por ignorarlos", dice Sarah Gardener, de la organización Heat Initiative.
¿Qué responden las empresas?
Google y Meta han rechazado los veredictos. De acuerdo con José Castañeda, portavoz de Google, los casos han malinterpretado la función de YouTube, que "es una plataforma basada en la responsabilidad del usuario y no una red social". Meta, por su parte, alega que la salud mental es un tema muy complejo que no puede atribuirse al uso de una aplicación.
Ambas compañías han anunciado que apelarán las decisiones, lo que probablemente llevará los casos a instancias superiores, posiblemente hasta la Corte Suprema de Justicia. Los recursos volverán a girar en torno a la Sección 230 y a la pregunta de hasta dónde puede extenderse la responsabilidad civil de una plataforma cuando el daño alegado deriva del diseño y no del contenido posteado por terceros.
Después de años en que las tecnológicas parecían prácticamente intocables, dos jurados acaban de decir que los daños a niños y adolescentes ya no pueden desecharse como simples consecuencias de vivir en un mundo en línea. La última palabra, por supuesto, aún está por escribirse.



