Colombia: referente latinoamericano en regulación de telecomunicaciones
Resulta profundamente engañoso simplificar análisis sobre problemas de gran complejidad estructural. El ámbito de la infraestructura digital, específicamente las telecomunicaciones, emerge de una época donde el nacimiento de nuestra sociedad digital enfrentó un nuevo tipo de empresa que facilitó la expansión masiva de la conectividad y transformó el acceso a internet en un producto de primera necesidad absoluta.
Modelos regulatorios globales y el caso colombiano
Hace aproximadamente quince años, las empresas de telecomunicaciones se posicionaban entre las más grandes del planeta, lo que motivó la creación de órganos reguladores especializados diseñados exclusivamente para supervisarlas: los reguladores de telecomunicaciones. Europa lideró esta práctica regulatoria e implementó una serie completa de normativas, incluyendo la exigencia de al menos cuatro operadores por país junto con una regulación ex ante robusta e intrusiva.
Estados Unidos mantuvo su mercado con capacidades bajo una regulación mínima, mientras que China propuso un modelo alternativo con pocos operadores, pero extremadamente sólidos, para atender a su población de 1.300 millones de habitantes.
Colombia se destacó como el alumno estrella en América Latina en materia de regulación de competencia dentro de este sector, así como en intervención económica y rectoría estatal en esta área estratégica. Nadie puede cuestionar legítimamente esta preocupación constante de Colombia, ni acusarla de no haber ejecutado lo que consideraba indispensable para el bienestar de los usuarios finales.
El panorama colombiano: diversidad operativa y experimentación
Es el país que ha sostenido el mayor número de empresas públicas de telecomunicaciones en toda América Latina. Simultáneamente, es la nación donde gobiernos tanto nacionales como subnacionales se han asociado activamente con empresas privadas del sector o han operado directamente servicios de conectividad.
Colombia ha impulsado consistentemente la entrada de la mayor cantidad posible de operadores de telecomunicaciones al mercado nacional. Además de los gigantes Movistar y Claro, ingresaron actores como Avantel, WOM y, más recientemente, TeleCall. En el ámbito de las asociaciones público-privadas, se desarrolló significativamente el proyecto de fibra óptica Azteca.
A los sucesivos gobiernos de Colombia les ha fascinado recurrir a las múltiples formas de intervención económica y experimentar ampliamente con estas figuras institucionales.
Momento crítico: la reinvención necesaria del sector
Actualmente, el mundo de la conectividad atraviesa momentos decisivos y extremadamente críticos. Lo que antes constituía un negocio extraordinariamente lucrativo hoy ha dejado de serlo. Ningún operador de telecomunicaciones figura en la lista de las diez empresas más grandes del planeta, y enfrentan la necesidad de invertir, en promedio, veinte veces más mientras reducen sus precios, compitiendo contra empresas de alta tecnología que multiplican exponencialmente sus utilidades a escala global.
Esta realidad ineludible coloca a toda la industria en un punto de inflexión histórico donde la reinvención se ha vuelto imperativa. Las empresas de telecomunicaciones o de infraestructura digital deben consolidarse, fusionarse con otras entidades, buscar escala operativa, reducir costos estructurales y ofrecer nuevos servicios innovadores. La obsesión anterior por un número definido de operadores y la guerra constante de tarifas formó parte del veneno que afectó al sector.
Preocupaciones actuales y lecciones no aprendidas
Ahora observo con atención la preocupación en un segmento de la opinión pública ante la idea de que en el futuro inmediato se incrementen los precios de los servicios, no se despliegue cobertura suficiente y no se amplíe el ancho de banda disponible. Resulta una preocupación curiosa por parte de quienes no mostraron inquietud alguna ante la mala calidad operativa de empresas públicas y privadas que fracasaron estrepitosamente.
Parece que no aprendimos lección alguna con operadores públicos y privados creados artificialmente. Todos ellos fueron competidores crónicamente descapitalizados, carentes de estructura institucional sólida, sin un proyecto de inversión robusto y sostenible. Lo único que legaron fue pobreza digital persistente, falta grave de inclusión, escasa transformación digital efectiva y el enorme reto de reinventar e invertir masivamente en el sector digital durante los próximos meses y años.