Japón: décadas de prevención sísmica salvan vidas ante terremotos de magnitud 7,3
Japón: prevención sísmica salva vidas ante terremoto 7,3

Mientras Venezuela fue sacudida por dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 en menos de un minuto, Japón registró un sismo de 7,3 en la prefectura de Fukushima el mismo día. Al día siguiente, otro movimiento de 7,2 activó las alarmas, y este viernes un sismo de 5,8 se sintió con intensidad. Sin embargo, a diferencia de las escenas de devastación en La Guaira y el norte de Venezuela, en Japón no se reportaron pérdidas humanas y los daños fueron limitados. La clave: décadas de prevención.

Japón: un país de alto riesgo sísmico preparado para lo peor

Japón experimenta unos 1.500 terremotos perceptibles al año, según datos de las autoridades locales. Ante este riesgo, el gobierno decidió hace décadas prepararse para lo peor. Las primeras normas de construcción antisísmica se implementaron tras el terremoto de 1923, que causó la muerte de más de 140.000 personas, según National Geographic. Keith Porter, ingeniero jefe del Instituto para la Reducción de Pérdidas Catastróficas de Canadá, señaló a la revista que “la mejor manera de prepararse para los grandes terremotos suele ser una tarea ardua, basada en los conocimientos adquiridos en catástrofes anteriores”.

Códigos de construcción actualizados y estrictos

Desde entonces, los códigos sísmicos se han actualizado constantemente. Una reforma clave en 1981 exige que edificios, hospitales, colegios y puentes soporten sismos de enorme intensidad. La ley japonesa establece que el edificio simplemente no debe derrumbarse. El objetivo principal es no escatimar gastos en seguridad, reconociendo que la protección de la estructura acarrea costos más elevados. Porter explicó: “El edificio se considera un éxito si no se derrumba ni mata a nadie, aunque los daños sean tan grandes que no puedan repararse económicamente”.

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Tecnologías de amortiguación y alerta temprana

Los edificios se fortifican con vigas, pilares y muros más gruesos. Se instalan materiales como caucho en la base de los cimientos para amortiguar el impacto del movimiento, o se coloca un acolchado grueso que sirve como capa de separación entre el edificio y la tierra. Miho Mazereeuw, profesora asociada de Arquitectura y Urbanismo del MIT, explicó a CNN: “Muchos edificios, sobre todo hospitales y estructuras críticas importantes, se apoyan en estos cojinetes de goma para que el propio edificio pueda balancearse”.

Tras el terremoto mortal de 1995, el país cambió de objetivos: ya no solo se trataba de construir nuevos edificios con medidas de protección, sino de adaptar la arquitectura antigua para que también resistiera. A esto se suman estrategias tecnológicas como un sistema de alerta temprana que envía avisos a millones de teléfonos celulares segundos antes de que lleguen las ondas sísmicas, tiempo suficiente para detener trenes de alta velocidad y paralizar procesos industriales, según destaca el medio Mundiario.

Cultura de prevención desde la infancia

Las medidas de prevención se fomentan desde temprano. Los niños participan en simulacros de evacuación desde la escuela. Las familias mantienen kits de emergencia con agua, alimentos, linternas y medicamentos. Cada 1 de septiembre se celebra el Día Nacional de Prevención de Desastres, con ejercicios en todo el país. El profesor Toshitaka Katada, de la Universidad de Tokio, afirmó a la agencia AP que “probablemente no haya ningún pueblo en la Tierra tan preparado para los desastres como los japoneses”.

Contraste con Venezuela: infraestructura vulnerable y poca preparación

En contraste, Venezuela enfrenta los sismos con infraestructuras envejecidas, edificios vulnerables y una capacidad de respuesta inmediata muy limitada. Las labores de rescate se han visto dificultadas por los daños en carreteras, hospitales y servicios básicos, mientras miles de personas tuvieron que dormir en la calle por miedo al colapso de los edificios que seguían en pie. Mazereeuw, autora del libro “Diseño antes del desastre”, resumió: “Conceptualmente, todo se reduce a la idea de que, en lugar de resistirse al movimiento de la Tierra, hay que dejar que el edificio se mueva con ella”. La clave japonesa, más allá de la innovación, fue aprender de sus desastres pasados. Una lección que podría calar en la impactada sociedad venezolana, que ya exige cuentas al gobierno por la falta de preparación.

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