Claude Monet, uno de los pintores más famosos del planeta, comenzó a perder la visión poco después de cumplir sesenta años. Las proteínas del cristalino de sus ojos se descompusieron, oscureciendo progresivamente su vista. Los brillantes colores que caracterizaban su obra perdieron intensidad y los tonos se volvieron turbios. Para seguir pintando, dependía del estricto orden de su paleta y de las etiquetas de los tubos de pintura. La luz solar intensa complicaba aún más las cosas, obligándolo a usar un gran sombrero de paja al aire libre.
El temor a la cirugía en el siglo XIX
Monet se mostró cada vez más abatido y apenas pintaba. Su amigo Georges Clemenceau, médico y ex primer ministro de Francia, lo animó a operarse, pero el pintor temía el procedimiento. Había visto cómo la cirugía agravaba los padecimientos de sus colegas Honoré Daumier y Mary Cassatt. "Prefiero sacar el máximo partido a mi mala vista, e incluso dejar de pintar si es necesario, pero al menos poder ver un poco de estas cosas que tanto me gustan", escribió.
En esa época, la cirugía de cataratas era un procedimiento reconocido pero riesgoso. Se anestesiaba al paciente con cocaína, se realizaba una incisión manual en el ojo, se retiraba parte del iris y se extraía el material opaco del cristalino. El ojo quedaba sin su lente natural y el paciente dependía de gafas para recuperar la agudeza visual y corregir distorsiones de color. El primer implante exitoso de una lente intraocular no llegó hasta 1949.
La operación de Monet en 1923
Hacia 1923, cuando ya sobrepasaba los ochenta años, Monet decidió someterse a una intervención quirúrgica en el ojo derecho. Tras la operación, permaneció acostado durante diez días, con la cabeza inmovilizada con sacos de arena para reducir movimientos y proteger el ojo en cicatrización. Gruñón, impaciente e insumiso, convirtió el postoperatorio en una pesadilla. "Me entristece profundamente haberme sometido a esta fatídica operación. Perdóneme por hablar con tanta franqueza y déjeme decirle que es criminal haberme puesto en esta situación", dictó en una carta.
Monet recuperó una visión aceptable para leer, pero se quejó durante más de un año de que el mundo le parecía demasiado amarillo o azul. Sin embargo, tras recibir lentes correctoras con un tinte amarillo verdoso de la manufactura alemana Zeiss, se sintió satisfecho. Manifestó que había recuperado su "verdadera visión" y regresó a trabajar con energía renovada. Retocó algunas obras anteriores y terminó una de sus obras maestras, Los nenúfares, que hoy se conserva en el Musée de l’Orangerie de París.
La cirugía de cataratas en la actualidad
Hoy, los cirujanos oftalmológicos anestesian el ojo, realizan una incisión minúscula, usan ultrasonido para fragmentar el cristalino opaco, lo extraen e implantan un lente artificial en el interior del ojo. La mejora de la visión es casi inmediata y la recuperación completa es cuestión de semanas. Cada año se realizan alrededor de 20 millones de cirugías de cataratas en todo el mundo, con éxito completo en 9 de cada 10 pacientes tras la primera intervención.
El milagro de la vista recuperada
No todos pintamos Los nenúfares, pero volvemos a ver con nitidez las maravillas del mundo: la carita de mi hija, el borde de las nubes, la Vía Láctea o la jugada del Cucho Hernández para cerrar el partido contra Uzbekistán. También recordamos que, a pesar de la mezquindad que se ha puesto de moda, nuestra especie continúa produciendo milagros todos los días.



