Sentir culpa por descansar, permanecer pensando en el trabajo incluso fuera del horario laboral o experimentar ansiedad cuando no se está ocupado pueden ser señales de una relación poco saludable con el trabajo, que incluso no mejoraría con la reducción de la jornada laboral que se avecina para el país.
La hiperconectividad y la presión por producir
Jessica Mejía, directora del programa de Psicología de Areandina sede Valledupar, explica que la hiperconectividad y la presión por producir constantemente están dificultando cada vez más que las personas logren desconectarse mentalmente de sus responsabilidades laborales. Según la experta, la alerta no es menor si se tiene en cuenta que llega en un momento en el que Colombia avanza en la reducción gradual de la jornada laboral, que pasará de 44 a 42 horas semanales desde el próximo 15 de julio. Advierte que disminuir el tiempo formal de trabajo no garantiza una verdadera desconexión si la mente continúa ocupada por pendientes, metas o preocupaciones asociadas al empleo.
El burnout y las cifras de la OMS
La preocupación también encuentra respaldo en cifras internacionales. La Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce el burnout como un fenómeno ocupacional y estima que la depresión y la ansiedad provocan la pérdida de 12.000 millones de días laborales cada año en el mundo. Además, señala que cerca del 15% de los adultos en edad de trabajar convivía con algún trastorno mental en 2019, un contexto que ha puesto el bienestar psicológico en el centro de las discusiones sobre productividad.
Culpa por descansar y dificultad para desconectarse
De acuerdo con Mejía, uno de los cambios más importantes que ha traído la cultura de la hiperproductividad es que muchas personas comenzaron a medir su valor personal y profesional por el nivel de ocupación que mantienen. Esa dinámica favorece la aparición de creencias como "descansar es perder el tiempo" o "si no estoy ocupado, no soy productivo", haciendo que el descanso deje de percibirse como una necesidad y empiece a sentirse como algo que debe justificarse.
La especialista resume ese fenómeno con una frase que refleja el cambio de comportamiento observado en muchos trabajadores: "Hoy no siempre cuesta más trabajar; a veces cuesta más parar. Cuando una persona siente que su valor depende de su productividad, el descanso empieza a vivirse con culpa y no con alivio".
Asimismo, sostiene que esa resistencia psicológica al reposo puede convertirse en una alerta de que la relación con el trabajo ha dejado de ser saludable. Explica que permanecer durante largos periodos en un estado de hiperproductividad mantiene activo el sistema asociado al estrés. "Como consecuencia, el organismo continúa liberando cortisol de manera sostenida, un proceso que termina afectando funciones esenciales para el desempeño laboral, entre ellas la atención, la memoria, la regulación emocional, el funcionamiento ejecutivo, la capacidad para tomar decisiones lógicas y el control de los impulsos", sostuvo Mejía.
Señales de alerta de un exceso de trabajo
La docente de Areandina señala que las primeras manifestaciones suelen aparecer en la rutina cotidiana mucho antes de que el agotamiento sea evidente. Entre ellas menciona la dificultad persistente para relajarse, el insomnio o los despertares nocturnos pensando en pendientes laborales, la sensación permanente de cansancio, la irritabilidad frente a situaciones menores, la pérdida de interés por actividades que antes resultaban agradables y las fallas frecuentes de memoria.
También identifica como señales la aparición recurrente de dolores de cabeza, la tensión muscular y la necesidad constante de llenar cualquier espacio libre con actividades consideradas útiles. Para la especialista, "estas señales de cambio en la conducta, las emociones y la salud física, son un grito interno de ayuda, una alerta para pausar, ser acompañado y mejorar la organización del tiempo y la gestión del estrés". Añade que estos síntomas "no hablan solo de cansancio, sino de una relación tensa con el descanso, con el cuerpo y con los propios límites".
El impacto en el rendimiento laboral
Estas alteraciones ayudan a explicar por qué algunas personas sienten que su rendimiento disminuye precisamente cuando más intentan exigirse. Después de jornadas prolongadas sin pausas reales aumentan la dificultad para concentrarse, los problemas de sueño y la sensación de saturación, reduciendo tanto la funcionalidad como la capacidad para responder adecuadamente a las demandas del trabajo.
Cuándo buscar ayuda profesional
Aunque el informe reconoce que adoptar hábitos saludables puede contribuir a reducir el malestar, también aclara que esas medidas no eliminan las causas estructurales del estrés. Realizar pausas breves, practicar ejercicios de respiración, caminar algunos minutos sin revisar el celular, respetar los tiempos de comida o dejar por escrito las tareas pendientes del día siguiente pueden servir como mecanismos iniciales para disminuir la activación física y mental.
No obstante, Mejía advierte que cuando la culpa por descansar, la ansiedad o el agotamiento se vuelven persistentes, esas estrategias dejan de ser suficientes. En esos casos recomienda acudir a un especialista e iniciar un tratamiento psicológico. "Los ejercicios simples pueden acompañar, pero no sustituyen un proceso terapéutico cuando el malestar ya es crónico. Si parar produce angustia, si dormir no repara o si la mente sigue trabajando aun fuera del horario, pedir ayuda profesional no es exagerar: es cuidarse", concluyó la experta.



