Hace 16 años, en una esquina del barrio La Candelaria, el artista Víctor Tapias decidió transformar la acera en un lienzo. Con su brocha como herramienta, sembró las raíces de "El árbol de la virtud", un mural que se ha convertido en un punto de encuentro espiritual para muchos transeúntes. La obra se despliega a lo largo de toda la pared de la intersección, con colores que descienden hasta el suelo, marcando un límite físico que puede ser tanto el inicio como el final, según la dirección desde la que se mire. Tapias establece así una frontera entre el cemento de la cotidianidad y los colores de su creación: "Hasta aquí es andén, de aquí a allá es arte", explicó.
Simbolismo y significado del mural
Sin embargo, esos límites no bastan para contener el profundo simbolismo de la obra, que va más allá de la visión del artista. El mural abre con un gesto de gratitud hacia sus seres queridos: sus nueve hijos, familiares y amigos. Más adelante, un farol indica la dirección en la que nos encontramos junto a Tapias. De este farol se despliegan 70 organizaciones que han acompañado al artista a lo largo de su trayectoria y que le han ofrecido su "apoyo espiritual", logrando encontrar un espacio entre las ramas de este árbol que sigue creciendo.
Elementos visuales y mensaje espiritual
Figuras que simbolizan equilibrio y una paleta cromática que mezcla tonos azules, amarillos, naranjas y púrpuras crean una atmósfera de reflexión. El arte se convierte en armonía del espíritu, tal como lo afirmó Tapias. Él dijo que esta obra se le presentó como una revelación, un mensaje que debía compartir con la humanidad. En el centro del árbol, la imagen de un ángel agrupa las cualidades esenciales para una existencia basada en la virtud: humildad, sanidad, amor, sabiduría, verdad, riqueza, poder, paz y, finalmente, felicidad.
De repente, un hombre se acercó caminando y se detuvo junto a Tapias por unos segundos. Lo saludó y, antes de irse, dijo una sola frase: "Este mural es un espejo: te trata como lo trates a él". Tapias comentó que ese sitio, si bien era una expresión artística, también se había transformado en un punto de encuentro e incluso en una suerte de santuario, donde quien lo necesita acude a pedir algo, rezar o dejar flores como gesto de agradecimiento.
El sueño de la unidad latinoamericana
Al doblar la esquina aparecen un corazón azul y un mapa que muestra uno de los sueños de Tapias: los Estados Unidos Íntegros de Latinoamérica. Este deseo de unidad regional está atravesado por líneas que, según el artista, simbolizan el egoísmo y deben ser borradas. En estos 16 años, el árbol no ha parado de crecer, tanto que se ha extendido hasta el otro lado de la calle, donde se pueden encontrar cinco meditaciones fundamentales. "Arte es armonía, es la manifestación, es la expresión divina, en la virtud del único creador que sana el vicio", se puede leer en una de ellas. Este conjunto de figuras, colores y mensajes se articula en un solo objetivo: "Motivar a la gente a la virtud", aseguró Tapias.
El legado del 'color moreno'
A pesar de su trayectoria y las experiencias que le ha brindado el arte, el pintor quiere que cada vez que alguien se acerque al árbol de la virtud, más que en el artista, piense en la obra. Su carrera ha estado marcada inicialmente por la creación de retratos, lo cual lo llevó a convertirse en el padre del "color moreno". Según la descripción del artista, el "color moreno" es la integración de todos los colores y de todas las razas. Este sentido de integración se ve plasmado también en "El árbol de la virtud", y por este motivo Tapias quiso convertir esta obra en un mural, para que cualquier persona pudiera verlo por la calle e integrarse con el mensaje.
Llamado al gobierno y futuro del mural
Por último, Tapias hizo un llamado al presidente Gustavo Petro, solicitando apoyo gubernamental para proteger esta esquina y evitar su deterioro frente al paso del tiempo y a la acción de quienes desconocen lo que este espacio simboliza. Asimismo, pidió que se garantice su cuidado como un lugar destinado al encuentro y a la espiritualidad. De este modo, el árbol de la virtud ha seguido floreciendo, impulsado por una comunidad que ha encontrado aquí un espacio de reunión y resistencia. Sin embargo, Tapias y los habitantes de La Candelaria continúan a la espera de un mayor compromiso institucional que permita que las raíces y el arte sembrados en este rincón sigan invitando a la reflexión de quienes lo contemplan.



