Hijo de Álvaro Teherán sigue sus pasos en el baloncesto cartagenero
Hijo de Álvaro Teherán brilla en el baloncesto

El legado de Álvaro Teherán (q.e.p.d.), considerado uno de los mejores basquetbolistas colombianos de la historia, sigue vivo en las canchas de Cartagena. Esta vez, no desde la imponente figura del pívot que brilló dentro y fuera del país, sino en los pasos firmes de su hijo, Álvaro Hakeem Teherán Agressot, quien comienza a escribir su propia historia en el baloncesto.

Con apenas 12 años, Akeem —como le dicen sus familiares y amigos— entrena en la escuela Lanceros de Cartagena, donde pule sus fundamentos con disciplina y constancia. Su objetivo es claro: crecer en el deporte por mérito propio, más allá del peso de un apellido que dejó huella en el baloncesto nacional.

Su padre, nacido en María La Baja en 1966 y fallecido en Cartagena en 2020, fue un referente del deporte colombiano. Con 2,15 metros de estatura, jugó como pívot y alcanzó logros históricos, como ser el primer colombiano seleccionado en el draft de la NBA de 1991 por los Philadelphia 76ers. También tuvo pasos por ligas de Europa (España), Puerto Rico y Colombia, además de integrar la selección nacional.

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Akim empezó a jugar baloncesto a los 7 años. Aunque reconoce que su padre fue su principal inspiración, deja claro que la decisión de seguir este camino fue completamente suya. “Mi padre fue mi motivación, pero fue decisión mía”, afirma con seguridad.

Sus primeros pasos en el deporte estuvieron guiados por varios entrenadores que marcaron su proceso. Jorge Díaz, en Bucaneros, le dio su primera oportunidad; luego continuó con Kennedy Palacio, en Gladiadores; y actualmente se forma bajo la dirección de Iván García en Lanceros.

El camino, sin embargo, no ha sido sencillo. El joven reconoce que su proceso ha tenido dificultades, especialmente por limitaciones económicas. “No ha sido constante porque siempre he tenido problemas por falta de recursos. No tengo una cancha cerca para entrenar y me toca ir a una muy lejos. A veces el transporte es complicado”, cuenta.

A pesar de esos obstáculos, Akim sigue adelante con determinación. En la cancha, asegura que sus fortalezas están en el dribling y el tiro, especialmente a media y corta distancia, mientras que trabaja para mejorar en defensa y ganar mayor fuerza física.

En la escuela Lanceros ha encontrado un espacio de crecimiento. “Me siento bien, cómodo y aprendiendo más fundamentos. El profesor Iván es un excelente entrenador”, dice sobre su proceso actual, que considera clave en su desarrollo deportivo.

Cuando habla de su padre, su voz cambia. Lo recuerda como “un buen papá, hasta que Dios lo permitió”, y admite que lo extraña profundamente. Sin embargo, ese recuerdo también se convierte en motor para seguir adelante y honrar su memoria desde el esfuerzo.

Akim confía en su potencial. Cree que puede alcanzar una estatura similar a la de su padre y no descarta superarlo. “Sí, con la ayuda de Dios”, responde cuando se le pregunta si puede llegar más lejos. Su gran meta es estudiar en Estados Unidos y jugar en la NBA.

Detrás de ese sueño hay un pilar fundamental: su madre, Claribel Agressott. “Mi mamá lo ha sido todo para nosotros”, afirma, reconociendo el apoyo incondicional que ha sido clave en su proceso personal y deportivo.

Su entrenador, Iván García, destaca en él una mentalidad poco común para su edad. “Es un chico con una voluntad muy marcada. Quiere llegar a ser alguien en el baloncesto por lo que es, no por su apellido”, asegura. Además, resalta sus condiciones físicas y técnicas, así como su proyección: un jugador en formación que apunta a ser polifuncional, capaz de adaptarse a las exigencias del baloncesto moderno.

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