El ecosistema financiero colombiano atraviesa una transformación estructural impulsada por Bre-B, la plataforma de pagos inmediatos que superó los 1.000 millones de transacciones durante sus primeros nueve meses de operación. Este dinamismo responde a un esfuerzo de inversión sin precedentes.
Inversión récord en transformación digital
Jaime Rincón, director de Transformación Digital e Inclusión Financiera de Asobancaria, explicó que el sector destinó cerca de $2,9 billones a procesos de transformación digital y más de $750.000 millones a investigación y desarrollo durante 2025. “Se han destinado a modernizar, robustecer y fortalecer la seguridad y la disponibilidad de la infraestructura tecnológica”, señaló Rincón, reflejando el desafío de adaptar los sistemas centrales de las entidades financieras a las exigencias operativas y de gestión del riesgo que implica un esquema de pagos en tiempo real.
Transición complementaria: cheques y oficinas
Lejos de representar una sustitución radical de los canales tradicionales, las cifras muestran una transición complementaria. El uso del cheque continúa disminuyendo y cerró 2025 con 6,8 millones de operaciones, mientras que las transferencias ACH tradicionales mantienen una senda de crecimiento al atender necesidades que el nuevo sistema aún no cubre. Lo mismo ocurre con la red física. Aunque el número de oficinas bancarias se redujo a 5.681 a marzo de 2026, Rincón advirtió que “hablar del cierre definitivo de las oficinas tradicionales sería impreciso”. En su concepto, el futuro del sector apunta hacia “una experiencia ‘figital’, en la que los canales físicos y digitales se complementan de acuerdo con las necesidades y preferencias de cada usuario”.
El mito del celular y las barreras del efectivo
En el plano competitivo, la disputa por atraer clientes no se limita a la hegemonía del número de celular como principal llave de acceso. Asobancaria desmitifica esa percepción al señalar que, de las 108,6 millones de llaves registradas en Bre-B, 59,9 millones corresponden a identificadores alfanuméricos y solo 21,5 millones están asociadas a líneas móviles. Rincón aclaró que el tipo de llave no determina la competencia entre las entidades y sostuvo que “asociar el número de celular a una cuenta no implica que una entidad concentre todo el dinero o las transacciones del usuario”, pues el verdadero factor diferenciador radica en la experiencia del cliente y en la disponibilidad del servicio.
Para las empresas de consumo, la sustitución del efectivo por pagos mediante códigos QR de Bre-B promete reducir los costos asociados al transporte y la custodia del dinero. Sin embargo, el ahorro efectivo dependerá de factores como la dispersión geográfica de cada negocio. Asimismo, el predominio del efectivo entre los comercios medianos obedece a factores que van más allá del impuesto del 4x1000. En ese sentido, el directivo afirmó que “el 4x1000 no es el principal enemigo para la adopción plena de Bre-B en los comercios medianos; es apenas uno de varios obstáculos”. Entre los principales desafíos mencionó la informalidad empresarial, el rezago en materia de conectividad en las zonas rurales y la falta de educación financiera.
Arquitectura diseñada para integrarse
Finalmente, la arquitectura de Bre-B se destaca por su capacidad de adaptación. A diferencia de esquemas centralizados como Pix, en Brasil, el estándar colombiano se construyó sobre desarrollos preexistentes, como Transfiya y las redes de pagos de bajo valor. Estas soluciones, conectadas a través del Directorio Centralizado y del Mecanismo de Liquidación del Emisor, no están llamadas a desaparecer. Al contrario, según Rincón, este modelo interoperable permite que las herramientas existentes “no desaparezcan: se transforman, amplían su mercado y pueden desarrollar otros servicios”.



