En junio de 2026, Kevin Warsh asumió la presidencia de la Reserva Federal (Fed), sucediendo a Jerome Powell, quien lideró la institución entre 2018 y 2026 y permanece como miembro del directorio hasta 2028. Warsh, considerado el mejor candidato técnico entre los postulados por Donald Trump, enfrenta un serio dilema técnico-político: Trump lo designó con el objetivo explícito de reducir las tasas de interés, mientras que el mandato constitucional de la Fed prioriza el control inflacionario y el máximo empleo sostenible a largo plazo, conocido como el mandato dual.
Decisión unánime de mantener la tasa repo en 3,75%
En la reunión de junio de 2026, el directorio de la Fed votó por unanimidad a favor de mantener inalterada la tasa repo en 3,75%, lo que equivale a una tasa real de cero, tras la aceleración de la inflación desde 2,6% a principios de año hasta el 3,8% actual. Esta postura monetaria ya es laxa en comparación con el valor histórico de una tasa repo real core cercana al 1,5%. Sin embargo, Warsh expresó la visión de que existirían razones para considerar una reducción de la tasa repo nominal durante 2026, lo que parece incompatible con la meta de largo plazo de una inflación baja y estable cercana al 2% anual.
Presiones inflacionarias y conflicto geopolítico
Cerca de la mitad del directorio indicó que la postura monetaria actual requeriría elevar la tasa repo hacia 4,25% en los próximos 12 meses. Esto se debe al aumento del costo energético, que elevó el precio de la gasolina en Estados Unidos a 4,30 dólares por galón, frente a los 3 dólares a principios de año, antes del conflicto entre Israel y Estados Unidos contra Irán, que se prolongó de febrero a junio de 2026.
Con el reciente anuncio de un acuerdo de cesación de hostilidades y la normalización del tránsito por el estrecho de Ormuz, el precio del petróleo ha caído de 100 dólares por barril Brent a 75 dólares. Si el acuerdo se mantiene, se proyecta que la inflación podría bajar del 4% anual al 3% para finales de 2026. No obstante, esta cifra aún supera la meta del 2%, que la Fed no ha alcanzado en seis años consecutivos (2021-2026).
Pronóstico para el resto de 2026
Lo más probable es que la Fed mantenga su tasa repo nominal en 3,75% por el resto de 2026, dado que Estados Unidos registra un crecimiento del 2% y una tasa de desempleo favorable cercana al 4,3%. La presión de Trump sobre Warsh se diluirá, y este último no encontrará argumentos sólidos para reducir la tasa repo este año.
Agenda de reformas institucionales de Warsh
Al finalizar la reunión de junio de 2026, Warsh anunció una agenda de reformas institucionales, que incluye la creación de cinco comités de trabajo con técnicos externos y personal de la Fed. Los comités se enfocarán en: i) mejorar la comunicación de la Fed con el público, la academia y el Congreso; ii) revisar el manejo de la hoja de balance para recuperar el atractivo del mercado de bonos del Tesoro (el bono de referencia saltó de 0,3% a 4,5% tras estos anuncios); iii) escrutar las fuentes de datos para optimizar decisiones; iv) analizar los cálculos de productividad y mercado laboral; y v) revaluar la estrategia de inflación objetivo, especialmente las guías futuristas y la divulgación de pronósticos trimestrales de la tasa repo por parte de los 12 miembros del FOMC. De hecho, Warsh rompió la práctica establecida desde 2021 al no facilitar su pronóstico de tasa repo en esta reunión.
Opinión: puntos neurálgicos de la agenda
La agenda de Warsh es relevante, pero los puntos más críticos serán la hoja de balance y el afinamiento de la inflación objetivo. Desde la crisis hipotecaria (2008-2016), se generó un peligroso exceso de dinero, donde la única opción era recurrir a la banca central. Esta situación se agravó durante la pandemia (2020-2023), y la retracción de la hoja de balance se postergó demasiado, lo que contribuyó a la inflación persistente de los últimos seis años. Ordenar el mercado de bonos del Tesoro y acotar el papel de las criptomonedas será una tarea importante durante 2026-2028.
Además, se ha sugerido evitar la divulgación de los dot plots debido a la alta incertidumbre, ya que estas guías futuristas no han mostrado un buen balance histórico. La señal más promisoria es que Warsh abandonó la idea de elevar la meta de inflación de largo plazo, ratificándola en 2% anual.



