En Riohacha, Katherine Torres Navarro transformó un emprendimiento artesanal en una empresa de alcance internacional. Hace cinco años, un crédito para comprar insumos fue el punto de partida. Hoy, su marca Lanas Wayú 3 comercializa sus productos en Colombia, Estados Unidos, España y Aruba, y genera empleo para ocho personas, entre ellas mujeres cabeza de hogar y adultos mayores.
El crédito como herramienta de progreso
Esta historia refleja el impacto del crédito con propósito, que prioriza comprender la realidad del cliente antes de ofrecer una solución. Diana Mejía, gerente nacional de Crédito y Cartera de Banco Mundo Mujer, explica: “Hoy entendemos que cada microempresario tiene ciclos, necesidades y contextos distintos. Esto nos ha permitido ajustar nuestras soluciones al momento productivo de cada cliente”.
El crédito se convierte así en una herramienta que respalda decisiones económicas clave: comprar insumos, ampliar inventarios, incorporar tecnología o sostener un negocio en tiempos difíciles.
Inclusión financiera en poblaciones vulnerables
El desafío es mayor cuando se trata de poblaciones históricamente excluidas del sistema financiero. En Banco Mundo Mujer, el 98 % de los clientes de crédito pertenece a estratos 1, 2 y 3, y el 18 % reside en zonas rurales. Su modelo se basa en el conocimiento en campo. “La cercanía con el cliente nos permite entender su realidad. Muchas decisiones no se reflejan en un historial crediticio, sino en la dinámica del negocio y el entorno”, señala Mejía.
El acceso al financiamiento va más allá del crecimiento económico. “Sin financiamiento, muchos negocios se quedan en subsistencia. Con un crédito bien estructurado, pueden invertir, ordenar sus finanzas y aprovechar oportunidades. El objetivo es que el crédito sea una herramienta de progreso, no una carga”, afirma la directiva.
Testimonios que inspiran
En Pasto, Óscar, un joven microempresario, comparte su experiencia. Inició con un pequeño negocio de variedades y, con el tiempo, incorporó nuevos servicios hasta abrir una barbería. “Si usas el dinero para invertir, da frutos, pero hay que saber administrarlo”, dice. Hoy genera empleo y planea expandir su negocio con nuevas inversiones.
Su historia evidencia que el crédito no transforma por sí solo. Funciona cuando se combina con herramientas que permitan decisiones informadas, hábitos de pago disciplinados, conocimiento del negocio y una relación de confianza entre la entidad y el cliente. Por ello, programas como Aprendamos en Familia, que en 2025 impactó a más de 400.000 personas en el país, buscan fortalecer capacidades financieras y el manejo responsable del crédito.
Productos adaptados a cada necesidad
El enfoque se refleja en el diseño de productos como crédito para mujeres, crédito para negocio y financiamiento agropecuario, ajustado a ciclos productivos, así como soluciones para actividades sostenibles.
Banco Mundo Mujer se ha consolidado con 771.000 clientes y una participación del 16 % en el mercado microfinanciero. Su cartera alcanza los 3 billones de pesos, respaldada por un patrimonio de COP 555.427 millones y una estructura de captación que incluye más de COP 2,2 billones en CDT y COP 315.558 millones en cuentas de ahorro.
“La calidad no se corrige después: se construye desde el inicio, con una evaluación que considere la realidad del cliente”, concluye Mejía.
En un país donde la inclusión financiera sigue siendo un reto, el papel de las microfinanzas se redefine. Ya no se trata solo de ampliar el acceso, sino de hacerlo con sentido, entendiendo que detrás de cada crédito hay una historia como la de Katherine y Óscar. Financiar no es solo prestar dinero, sino acompañar la construcción de vida, negocio y futuro.



