Conciertos crean empleos tecnológicos que hace años no existían
Conciertos crean empleos tecnológicos que no existían

La transformación tecnológica de los espectáculos en vivo está impulsando la aparición de nuevas profesiones que hace apenas unos años eran prácticamente desconocidas. Así lo asegura David Posada, artista audiovisual y Creative Technologist colombiano con más de dos décadas de experiencia en producciones internacionales, quien advierte que la industria del entretenimiento está demandando nuevos perfiles.

Demanda de profesionales especializados

Para este analista, el mercado mira ahora hacia profesionales especializados en software, automatización, inteligencia artificial y experiencias inmersivas a un ritmo que supera la capacidad de formación disponible en América Latina.

Detrás de esta tendencia hay una industria que mueve alrededor de US$30.000 millones al año a nivel global y que mantiene tasas de crecimiento de entre 8% y 10%, impulsada por la expansión de festivales, giras internacionales y nuevas experiencias tecnológicas. En ese escenario, los conciertos han dejado de ser únicamente eventos musicales para convertirse en complejas operaciones que integran infraestructura tecnológica, talento especializado y sistemas que funcionan en tiempo real.

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“Hoy un espectáculo internacional funciona más como una ciudad temporal o una operación tecnológica itinerante que como un concierto tradicional. Lo que el público ve es apenas una pequeña parte de toda la infraestructura humana y tecnológica que hace posible la experiencia”, afirma Posada.

Magnitud de las operaciones

La magnitud de estas operaciones resulta significativa si se tiene en cuenta que un espectáculo para 50.000 personas puede movilizar entre 150 y 400 trabajadores especializados y requerir inversiones de entre US$3 millones y US$8 millones por presentación. Esto sin contar que una sola gira internacional puede transportar más de 100 toneladas de infraestructura tecnológica y movilizar entre 20 y 50 camiones de carga para soportar la operación.

Una producción internacional promedio puede incorporar entre 500 y 1.200 metros cuadrados de pantallas LED, más de 400 luminarias inteligentes y entre cuatro y ocho servidores de contenido operando simultáneamente. A esto se suman múltiples sistemas de automatización, kilómetros de cableado y redes de datos que deben funcionar sin interrupciones durante cada presentación.

Nuevos perfiles profesionales

La evolución de los espectáculos ha venido acompañada por la aparición de perfiles profesionales que combinan creatividad, programación y desarrollo tecnológico. Este proceso está impulsando la demanda de perfiles como Creative Technologist, especialistas en realidad extendida (XR), diseñadores de experiencias inmersivas, programadores de sistemas de control de espectáculos, desarrolladores de plataformas interactivas y expertos en contenido en tiempo real.

“Estamos viendo el nacimiento de nuevas profesiones híbridas donde creatividad, programación, narrativa visual y tecnología convergen dentro de una misma experiencia”, explica Posada.

La tendencia también se extiende hacia áreas asociadas con inteligencia artificial, rendering en tiempo real, contenido generativo, integración audiovisual avanzada y producción virtual, sectores que aparecen entre los de mayor potencial de crecimiento dentro de la industria.

Déficit de formación en América Latina

Aunque la demanda de talento continúa creciendo, uno de los principales desafíos para Colombia y América Latina es la escasez de programas de formación especializados. Según Posada, durante años gran parte del conocimiento técnico requerido por la industria se adquirió directamente en giras y producciones, debido a la limitada oferta académica disponible.

Actualmente, la región cuenta con menos de una docena de programas, certificaciones o centros de formación enfocados en áreas como producción virtual, integración audiovisual, media servers, automatización escénica o tecnologías inmersivas. Esta realidad contrasta con una industria que requiere cada vez más profesionales capacitados para responder a proyectos de creciente complejidad.

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“Muchas de estas profesiones todavía no tienen caminos de formación desarrollados en Latinoamérica. La industria está creciendo tan rápido que comienza a necesitar nuevos espacios de capacitación y profesionalización para responder a la demanda global de talento especializado”, señala.

Colombia como exportador de talento

Más allá del reto educativo, el crecimiento de esta industria abre una oportunidad para la exportación de talento colombiano. Posada destaca que profesionales nacionales ya participan en proyectos internacionales desarrollados en países como Estados Unidos, México, Argentina, Chile, Uruguay, España, República Dominicana y Costa Rica.

Según explica, los servicios especializados vinculados al entretenimiento tecnológico están comenzando a posicionarse como una nueva área de exportación basada en conocimiento, creatividad y capacidades técnicas avanzadas. Actualmente, profesionales colombianos participan en proyectos valorados en varios millones de dólares al año.

Los niveles de remuneración también reflejan la creciente demanda. Dependiendo del rol y de la magnitud de cada producción, los ingresos pueden oscilar entre US$3.000 y US$10.000 por proyecto o ubicarse entre $8 millones y $20 millones mensuales en mercados latinoamericanos.

Impacto económico más allá del escenario

El impacto económico de esta industria también se extiende más allá del escenario. Un concierto de gran formato puede generar entre 1.500 y 3.000 empleos indirectos en sectores como hotelería, transporte, turismo, comercio y gastronomía. Además, puede aportar entre US$10 millones y US$15 millones a la economía de la ciudad anfitriona.

“Muchas de las profesiones más importantes de los próximos años todavía ni siquiera existen completamente. Estamos apenas comenzando a descubrir el potencial creativo que surge cuando arte, software y tecnología convergen en una misma experiencia”, concluye Posada. La afirmación resume una transformación silenciosa que está redefiniendo el mercado laboral y ampliando las fronteras de una industria cada vez más tecnológica.