Colombia se ubicó entre los países con las mayores presiones sobre sus finanzas públicas, según un nuevo informe de Oxford Economics. El estudio concluye que el país ocupa el séptimo lugar entre 46 economías desarrolladas y emergentes con mayores necesidades de ajuste fiscal, además de ser el cuarto de América Latina, detrás de Brasil, Uruguay y México.
¿Qué significa este ajuste fiscal?
En palabras sencillas, el informe advierte que Colombia está gastando mucho más dinero del que logra recaudar, por lo que debe seguir endeudándose para cubrir ese faltante. Si esa situación continúa durante varios años, la deuda seguirá creciendo y cada vez será más costoso conseguir nuevos préstamos, lo que terminaría afectando tanto al Gobierno como a los hogares.
Para llegar a esa conclusión, Oxford Economics utilizó un indicador llamado Balance Primario Estabilizador de la Deuda (DSPB, por sus siglas en inglés). Este indicador calcula cuánto dinero debería ahorrar un Gobierno, antes de pagar los intereses de la deuda, para evitar que esa deuda siga creciendo frente al tamaño de la economía. Es decir, el indicador responde a una pregunta: ¿qué tanto debe ajustar sus cuentas un país para dejar de seguir endeudándose cada año? Entre mayor sea ese ajuste necesario, mayores son las presiones fiscales.
El panorama global y el lugar de Colombia
Según el informe, más de una cuarta parte de las 46 economías analizadas necesita mantener superávits fiscales de manera permanente, es decir, gastar menos de lo que recauda durante muchos años consecutivos para estabilizar su deuda. Además, cerca del 10% de esos países requiere generar superávits superiores al 1% del PIB de forma indefinida, un reto que muy pocos gobiernos han logrado cumplir en la historia.
En ese grupo aparece Colombia junto con Brasil, Italia, Japón, Sudáfrica y México, economías que, según Oxford Economics, enfrentan un proceso de “desgaste fiscal prolongado”, lo que significa que necesitarán varios años de disciplina en el manejo de las finanzas públicas para evitar que la deuda siga aumentando. El estudio identifica a Brasil como el caso más preocupante, ya que necesita un ajuste cercano al 3% del PIB, un nivel que históricamente ha sido muy difícil de sostener porque suele implicar decisiones impopulares, como reducir gastos públicos, aumentar impuestos o ambas cosas al mismo tiempo.
Deterioro desde la pandemia
En el caso colombiano, el informe muestra que la situación se ha deteriorado desde la pandemia. Los gráficos elaborados por Oxford Economics evidencian que las necesidades de ajuste fiscal de Colombia son hoy mayores que las registradas antes del covid-19, al igual que ocurre en Brasil y México.
La firma también advierte que las altas tasas de interés que pagan países como Colombia por su deuda todavía no han sido suficientes para obligar a los gobiernos a corregir el problema. Según el estudio, aunque los mercados han encarecido el financiamiento, eso no ha generado aún las reformas fiscales necesarias para estabilizar la deuda pública.
Soluciones lentas y difíciles
Otro de los hallazgos del informe es que las soluciones rápidas prácticamente no existen. Tras revisar varias décadas de experiencias internacionales, Oxford encontró que los pocos países que lograron corregir problemas similares necesitaron muchos años de disciplina fiscal. Incluso concluye que, en la mayoría de los casos, los gobiernos solo realizan ajustes importantes cuando enfrentan crisis económicas o financieras de gran magnitud.
Más gasto y pocos ingresos: la visión de los expertos
Para Alejandro Rojas Cano, economista senior del Banco de Bogotá, el problema de Colombia puede entenderse comparando el presupuesto de un hogar. El experto explicó que el país tiene ingresos similares a los de otras economías comparables, pero gasta considerablemente más. “Cuando uno compara a Colombia con países similares encuentra que los ingresos son parecidos, pero el gasto es mucho más alto. Ese mayor gasto se explica por presiones como los subsidios a los combustibles, el aumento del gasto en salud y las mayores obligaciones del sistema pensional, mientras los ingresos permanecen prácticamente estancados”, explicó.
Rojas señaló que cuando un país gasta más de lo que recibe no tiene otra alternativa que endeudarse. “El mensaje es sencillo: frente a los ingresos que genera Colombia, el país está cada vez más endeudado. Y cuando necesita pedir más dinero prestado, tiene que hacerlo pagando tasas de interés más altas”, afirmó. El economista advirtió que ese problema no solo afecta al Gobierno, sino también a toda la economía. “Cuando aumenta la deuda pública normalmente terminamos viendo tasas de interés más altas, un dólar más caro, menores niveles de inversión y un crecimiento económico más lento. Eso termina reduciendo la capacidad de compra de las familias y hace más difícil mejorar la calidad de vida de los colombianos”, agregó.
Por su parte, Andrés Langebaek, exvicepresidente de Anif y analista privado, explicó que el deterioro de las finanzas públicas no es un problema reciente, sino que se ha venido acumulando durante décadas. Recordó que en 1996 la deuda pública representaba apenas el 4,4% del PIB, pero aumentó hasta el 34,2% luego de la crisis financiera de finales de los años noventa. Posteriormente, la deuda volvió a crecer desde 2012 y alcanzó un nuevo salto durante la pandemia, cuando el Gobierno tuvo que aumentar el gasto mientras los ingresos tributarios caían por la recesión económica.
Según Langebaek, el problema se agravó nuevamente durante los últimos años porque el gasto continuó creciendo más rápido que los ingresos del Estado. “Hoy probablemente la deuda llegue al 64% del PIB. Cuando un Gobierno gasta más de lo que recauda en impuestos tiene que seguir endeudándose, y eso es precisamente lo que ha venido ocurriendo”, explicó.
El economista aseguró que esa situación también ha tenido consecuencias sobre la percepción que tienen los inversionistas internacionales sobre Colombia. “El país perdió el grado de inversión en 2021 y durante los últimos años también ha sufrido varias rebajas en su calificación de riesgo. Para salir de esta situación es necesario hacer un ajuste importante del gasto, revisar algunos impuestos y, sobre todo, lograr que la economía vuelva a crecer con mayor fuerza”, afirmó. Langebaek añadió que un mayor crecimiento económico ayudaría a reducir el peso de la deuda sobre el PIB, ya que una economía más grande facilita el pago de las obligaciones del Estado.
Entre tanto, Henry Amorocho, docente de Hacienda Pública de la Universidad del Rosario, explicó que, cuando la deuda aumenta constantemente, cada vez es necesario destinar una mayor parte del presupuesto al pago de intereses, dejando menos recursos disponibles para financiar sectores como salud, educación, infraestructura o programas sociales. “La única forma de corregir este panorama es avanzar en un ajuste fiscal que permita estabilizar la deuda. Eso implica controlar el crecimiento del gasto y fortalecer los ingresos del Estado”, dijo.



