El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha decidido mantener sus proyectos empresariales en lugar de eliminar posibles conflictos de intereses, una acción que va en contra de una tradición presidencial muy arraigada. Así lo reporta Eric Lipton para The New York Times.
Antecedentes de conflictos de interés en la Casa Blanca
En el pasado, otros presidentes y sus familias también tuvieron negocios. La esposa del presidente Lyndon B. Johnson era dueña de una emisora de radio que generaba ganancias. George W. Bush formaba parte del consejo de administración de una empresa petrolera mientras su padre estaba en la Casa Blanca. Y Hunter Biden recibía pagos de una empresa ucraniana de gas natural cuando su padre era vicepresidente.
Sin embargo, según el reportaje, nunca antes en la historia de Estados Unidos un presidente había mantenido un imperio empresarial tan amplio y diverso mientras ejercía el cargo. Trump no ha vendido sus activos ni los ha puesto en un fideicomiso ciego, como se ha hecho tradicionalmente para evitar conflictos de interés.
Impacto y críticas
La decisión de Trump ha generado críticas de expertos en ética y de miembros de la oposición, quienes señalan que esto podría comprometer la imparcialidad de sus decisiones presidenciales. Además, organizaciones de vigilancia han presentado demandas alegando que Trump viola la Constitución al recibir pagos de gobiernos extranjeros a través de sus hoteles y otros negocios.
Hasta el momento, la Casa Blanca no ha emitido un comunicado oficial sobre el reportaje del New York Times. Sin embargo, portavoces del presidente han defendido en el pasado que Trump se ha apartado de la gestión diaria de sus empresas, delegándola en sus hijos.



