De los 1.122 municipios que tiene Colombia, en 180 se siembra coca. En 10 de ellos se concentra el 47 % de los cultivos. Así lo revela el informe del Sistema Integrado de Monitoreo de Cultivos Ilícitos (Simci) presentado este jueves por la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) y el Ministerio de Justicia, correspondiente al año 2024. El documento, que llegó con nueve meses de retraso, confirma que el número de hectáreas sembradas con hoja de coca sigue creciendo, alcanzando la cifra más alta de los últimos 14 años en el país.
Aumento del 3,5% y desaceleración del crecimiento
El informe muestra que Colombia pasó de tener 253.000 hectáreas sembradas con coca en 2023 a 261.000 en 2024, alrededor de 8.000 hectáreas más. La variación anual fue del 3,5 %, la más baja desde 2021. Jorge Mantilla, profesor e investigador de la Universidad del Rosario, explicó a El Espectador que esto significa una desaceleración del crecimiento de cultivos de uso ilícito: “Mientras la superficie de cultivos sigue aumentando, lo hace a un ritmo más lento. Por eso la variación disminuye respecto a los años anteriores”.
El presidente Gustavo Petro ya había anticipado estas cifras el 28 de octubre de 2025, cuando escribió en su cuenta de X que tenía información preliminar sobre un posible aumento del 3 %, que correspondería a unas 262.000 hectáreas. En ese momento, la tensión entre el Gobierno Nacional y la UNODC era palpable. Petro cuestionó la metodología usada por el organismo internacional, calificándola de “pésimamente construida” y con un “oscuro método estadístico”. Para reconciliar posturas, se adelantaron 17 mesas técnicas y se llegó a acuerdos sobre la forma de medir los cultivos.
Recomposición regional: aumento en Pacífico y Catatumbo, reducción en otras zonas
El experto Mantilla agregó que el comportamiento de las cifras se debe a una recomposición interna: en unas áreas los cultivos disminuyeron y en otras aumentaron. La región del Pacífico (Cauca, Chocó, Nariño y Valle del Cauca) pasó de 107.078 hectáreas en 2023 a 121.612 hectáreas en 2024, un aumento del 14 %. En Catatumbo (Norte de Santander), el incremento fue del 11 %, pasando de 43.867 a 48.739 hectáreas. En contraste, cinco regiones tuvieron reducciones: La Orinoquía (-26 %), la Amazonía (-16 %), Putumayo y Caquetá (-14 %), el centro del país (-7 %), y Meta y Guaviare (-0,4 %).
Lucas Marín Llanes, profesor de la Universidad de Los Andes y del Centro de Estudios sobre Seguridad y Drogas (Cesed), coincidió en que los resultados eran previsibles: “Se confirma el proceso de concentración de la economía cocalera en algunas zonas del país”. También señaló que la presencia de actores armados no responde únicamente a la economía cocalera, pues hay regiones que históricamente fueron cocaleras y siguen procesos de desconcentración a pesar de la permanencia de grupos armados.
Erradicación forzosa cayó 54%, incautaciones subieron 19%
El informe revela cambios importantes en la estrategia estatal. En 2023, el Gobierno hizo erradicación manual forzosa en 20.325 hectáreas; en 2024 la cifra bajó a 9.403 hectáreas, una disminución del 54 %. La destrucción de laboratorios ilegales pasó de 5.218 a 5.226 estructuras, un aumento marginal de solo ocho. En contraste, las incautaciones de droga aumentaron un 19 %, pasando de 746.285 kilogramos en 2023 a 889.201 kilogramos en 2024.
Según Marín Llanes, el gobierno Petro no generó los cambios esperados en la política de drogas. “No terminó de implementar el Programa de Sustitución de Cultivos de uso ilícito (PNIS) y no avanzó en la implementación de la transformación territorial en zonas cocaleras, una gran deuda que deja esta administración”. No obstante, destacó dos logros: el liderazgo internacional en escenarios multilaterales y haber resistido las presiones para retomar la erradicación manual, que considera ineficiente y dañina.
Concentración en fronteras y desafíos para el nuevo gobierno
Los principales enclaves cocaleros están en zonas de frontera: Tumaco (Nariño) con 31.300 hectáreas, Tibú (Norte de Santander) con 25.911 y Puerto Asís (Putumayo) con 9.893. Mantilla señaló que “atacar los eslabones más débiles de la cadena ilegal es ineficiente, genera dispersión de los cultivos (efecto globo) y contar hectáreas concentra la atención en un indicador que dice poco sobre el mercado de la cocaína integralmente considerado”.
El investigador agregó que las acciones estatales se quedaron cortas: “Las cifras confirman que la estrategia del Gobierno no fue exitosa. Si bien ayudó a contener el crecimiento acelerado, no logró disminuir el número de hectáreas cultivadas, ni generar procesos consolidados de transición hacia economías lícitas, y muestra una persistencia de la concentración del 90 % de los cultivos en los mismos lugares durante la última década. Esa es la gran derrota del Estado”. A partir del 7 de agosto, cuando el presidente Abelardo de la Espriella asuma, deberá tomar medidas para atender el rol de Colombia en el panorama internacional de drogas, donde el consumo global de cocaína aumentó un 47 % entre 2013 y 2023.



