La Ley de las XII Tablas: origen del derecho romano y la democracia
Ley de las XII Tablas: origen del derecho romano

En el año 462 antes de Cristo, el tribuno de la plebe Terentilio Arsa propuso equiparar legal y políticamente los derechos de plebeyos y patricios. Los patricios se negaron durante ocho años a estudiar el caso. A comienzos del 454 a. C., tres magistrados viajaron a Grecia para estudiar las leyes de Solón en Atenas, que abrieron la puerta a la democracia. Tres años después, se suspendieron las magistraturas normales y se nombró un colegio extraordinario de diez magistrados para redactar una obra legislativa que pusiera fin a las rencillas entre las clases sociales romanas. Ese cuerpo legal fue la “Ley de las XII Tablas”, también conocida como “Lex Duodecim Tabularum”.

Origen y contenido de las XII Tablas

El derecho romano y la República surgieron de aquella Ley de las XII Tablas, inicialmente diez tablas escritas en madera y luego en bronce. Tras el fin del período monárquico, los códigos determinaron lo permitido y prohibido en Roma. En el año 390 a. C., los galos invadieron y saquearon Roma, destruyendo las tablas originales, pero su contenido sobrevivió gracias a los textos de Tito Livio y Aulo Gelio, y a la historia reseñada por investigadores como Ernest Benin, Beryl Rawson y Peter V. Jones. Gran parte pudo reproducirse porque Marco Tulio Cicerón las había aprendido de memoria.

El contenido se expuso en el Foro Romano. Los primeros tres capítulos explicaban las normas para acudir a los tribunales, el desarrollo de juicios y los pasos sobre deudas. El cuarto capítulo determinaba lo legal en cuanto a las familias y regulaba los derechos del padre, el ‘paterfamilias’. Como expuso Peter Watson en su libro “Ideas, historia intelectual de la humanidad”: “El padre romano tenía poder absoluto —el poder de la vida y de la muerte— sobre toda su familia: esto es lo que significa ‘paterfamilias’. Se trataba de un poder absoluto sobre sus hijos legítimos, incluidos los hijos adultos, sobre sus esclavos y sobre su esposa si se había casado de tal forma que se le hubiera otorgado el poder paterno (Manus)”.

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La familia como estado dentro del estado

La familia en Roma era un estado dentro del estado. Según Beryl Rawson en su tratado sobre la familia en la antigua Roma: “La autoridad del padre era defendida con total celo. En delitos excepcionales, los hijos y las esposas pasaban de la custodia del Estado a la de la autoridad paterna”. Nadie era totalmente independiente si el padre vivía, especialmente en temas financieros y de contratos. Watson explicaba: “Un hijo adulto podía poseer propiedad sólo mediante un ‘peculium’, una especie de fideicomiso por parte de su padre, que en cualquier momento podía revocarlo. Mientras su padre estuviera vivo, un hijo no podía hacer testamento ni heredar propiedad por derecho propio”.

La tabla cinco regulaba herencias y la tutela de mujeres y menores. Los capítulos seis y siete legalizaban derechos de propiedad y obligaciones. Las tablas ocho y nueve constituían un código penal, estableciendo penas para delitos. En ocasiones se aplicaba la antigua “Ley del Talión”, del Código de Hammurabi (siglo XVIII a. C.), que establecía “ojo por ojo, diente por diente”. Este procedimiento, aunque sanguinario, evitaba venganzas desmedidas.

Lo sagrado, el matrimonio y el legado del derecho romano

La tabla diez estipulaba procedimientos sobre lo sagrado, y las dos últimas regulaban normas religiosas y matrimoniales. En palabras de Watson: “El valor del derecho para el bienestar del estado romano lo demuestra el hecho de que las decisiones podían invalidarse si no se seguía el procedimiento indicado. Ni siquiera una decisión del emperador podía pasar por alto el estatus de los litigantes involucrados en una batalla jurídica. En este sentido, como comentó Plinio, la ley era superior al emperador y no al revés. Esto constituyó un progreso crucial para el desarrollo de la sociedad civil”.

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La idea y el aparato construido alrededor de la ley determinaron en gran medida el crecimiento del Imperio Romano. Tras la caída de Occidente en el siglo V d. C. y la desaparición definitiva del Imperio Romano de Oriente (Bizantino) en 1453, la ley cohesionó territorios y ciudadanos, y sobrevivió siendo adoptada por la mayoría de países europeos después del siglo XII y por algunas sociedades orientales. Como explicaba Britannica: “Este derecho, que estuvo vigente en algunas partes de Europa mucho después de la caída del Imperio romano, no era el derecho romano en su forma original. Si bien su base era, en efecto, el Corpus Juris Civilis —la legislación codificada del emperador Justiniano I—, esta legislación había sido interpretada, desarrollada y adaptada a las condiciones posteriores por generaciones de juristas desde el siglo XI en adelante, y había recibido añadidos de fuentes no romanas”.