Ordenar las finanzas públicas, la prioridad
Hoy comienza una cuenta regresiva para quienes, a partir del 7 de agosto, liderarán el esfuerzo colectivo de retomar una senda de prosperidad y desarrollo para Colombia. Los retos económicos que habremos de superar no son pocos ni menores. El primer desafío será ordenar las finanzas públicas. De manera urgente, se deben buscar recortes en el gasto y mejoras en las condiciones actuales de financiamiento, si es necesario, con el apoyo de organizaciones financieras internacionales. Este ajuste contribuirá a reducir las presiones inflacionarias que desde hace meses dificultan el trabajo de la política monetaria. También es urgente poner en marcha un plan para incrementar los ingresos fiscales, especialmente las rentas minero-energéticas, aunque este tardará algunos meses en ejecutarse y mostrar resultados.
Estabilizar la deuda pública y los sistemas de salud y energía
El desafío de estabilizar la deuda pública se vuelve aún más complejo debido a otros retos que enfrentamos. En particular, los sistemas de salud y de energía requieren el saneamiento de pasivos acumulados y planes de estabilización para empresas intervenidas que garanticen la prestación efectiva de los servicios en el corto plazo. Todo esto sin mencionar que las mejoras en seguridad y control territorial traerán sus propias demandas de recursos públicos. Según César E. Tamayo, “el desafío de estabilizar la deuda pública se hace aún más complejo a la luz de otros retos que enfrentamos”.
Agenda de crecimiento económico sostenido
Al tiempo que se atienden estas urgencias, el nuevo gobierno debe anunciar que retoma con seriedad una agenda de crecimiento económico sostenido, ya que es un ingrediente crítico para incrementar los ingresos fiscales y reducir la razón deuda/PIB en el mediano plazo. Para lograrlo, se deben poner en marcha al menos dos agendas de país que requieren trabajo conjunto entre el gobierno y la iniciativa privada.
Agenda de capital humano
La primera es una agenda de capital humano. Es crucial asegurar el buen funcionamiento del sistema de salud, más allá de resolver la crisis actual; fijar metas serias en calidad de la educación básica; y transformar la educación posmedia. Esto implica cambiar a fondo el componente de formación para el trabajo y repensar la política de acceso a la educación universitaria, que en años recientes se ha restringido al sector oficial. En últimas, elevar la productividad laboral es nuestra mejor apuesta, quizá la única viable, para reducir la informalidad y el emprendimiento de subsistencia, que persisten muy altos.
Agenda de internacionalización, eficiencia y productividad
La segunda agenda es de internacionalización, eficiencia y productividad, ampliamente definida. Incluye corregir el rezago de inversiones en infraestructura de energía y transporte, ajustando el marco de requisitos, consultas y licenciamiento que hoy paraliza estos proyectos. También se debe orientar mejor la asignación de recursos públicos hacia la investigación y desarrollo, y replicar los programas exitosos de desarrollo empresarial basados en innovación e inserción en cadenas globales de valor. Finalmente, y sobre todo, hay que reducir sustancialmente la carga impositiva y regulatoria, que hoy es una barrera a la formalización y limita severamente la competitividad de nuestras empresas.
Un reto exigente que requiere talento
Este es tal vez el conjunto de retos más exigente que hemos enfrentado como país en mucho tiempo. Para sortearlo necesitaremos suerte y talento. La suerte la repartieron hace mucho. El talento, entonces, debe ser la primera tarea en esa cuenta regresiva, la que empieza hoy.



