La construcción de escenarios no busca predecir el futuro, sino identificar cómo distintas variables pueden interactuar hasta producir —o evitar— una crisis. Gobiernos, mercados y organismos internacionales utilizan estos modelos para anticipar vulnerabilidades antes de que se conviertan en daños catastróficos.
El actual proceso electoral colombiano exige este tipo de análisis. El objetivo no es preguntar quién ganará, sino responder si el Estado y su sistema institucional mantienen capacidad de mitigación y estabilización del escalamiento y la radicalización política. La clave está en entender cómo decenas de variables y más de un centenar de subvariables interactúan para determinar si el resultado será una inestabilidad contenida, una crisis institucional manejable o una ruptura democrática irreversible.
Escenarios de alto riesgo
Los modelos muestran convergencia hacia escenarios de alto riesgo en cerca del 54 % de las simulaciones. Variables aceleradoras como la narrativa de fraude, la polarización y la presión digital amplifican la erosión de legitimidad. Un margen electoral estrecho, la movilización social y el costo político y judicial de perder el poder son detonantes de movilización callejera, radicalización digital y desconocimiento electoral. La interacción más peligrosa ocurre cuando la narrativa de fraude y la presión digital logran neutralizar la resiliencia democrática, momento en el cual el riesgo de ruptura institucional converge hacia el 34 % de probabilidad.
Legitimidad y control territorial
Los resultados sugieren que, si ciertos umbrales de legitimidad y polarización son superados, la contención deja de depender de normas jurídicas y pasa a depender de la capacidad real de las instituciones para conservar obediencia y control territorial. Aquí es clave la cohesión de la Fuerza Pública, la legitimidad de las cortes, la gobernabilidad territorial y la disciplina de los actores políticos para evitar que la percepción de fraude se transforme en una disputa violenta por el territorio. La pregunta crítica es cuánto tiempo tendría el Estado para reconstruir confianza antes de que la percepción de ilegitimidad se vuelva irreversible.
El costo de perder el poder
Una variable importante de riesgo es el costo de perder el poder. Si actores políticos perciben que una derrota electoral podría derivar en consecuencias judiciales nacionales e internacionales o incluso escenarios de extradición, la tensión sobre cortes, organismos electorales y Fuerzas Armadas podría alcanzar niveles sin precedentes. ¿Cómo reaccionarían estas instituciones si quedaran atrapadas entre el deber constitucional, la presión política y la necesidad de preservar el orden público? No es menor el papel de gobernadores, alcaldes, partidos tradicionales, élites regionales y grupos económicos. Algunos liderazgos pueden actuar como fuerzas estabilizadoras; pero otros, en cambio, pueden iniciar procesos de fragmentación política, cálculo oportunista o realineamiento acelerado. Sin embargo, esta dinámica no depende exclusivamente del Estado. La confianza de los mercados construida sobre la previsibilidad también debe considerar su rol. Una crisis abierta de legitimidad y autoridad también erosiona la confianza económica y acelera la fuga de capitales.
Zona de riesgo democrático
La gran conclusión no es que Colombia se dirija inevitablemente hacia una ruptura institucional. Pero el país sí está entrando en una zona donde decisiones políticas equivocadas pueden producir efectos desproporcionados sobre la estabilidad democrática. Cuando se erosiona la noción de árbitro electoral neutral, emerge la invocación del ‘Poder Constituyente Primario’ como fuente alternativa de legitimidad frente al arbitraje institucional.
Es precisamente por ello que los escenarios electorales constituyen una alerta para todas las instituciones responsables de preservar el orden constitucional y la estabilidad democrática. Si fallan, la crisis no será responsabilidad exclusiva de los radicales, sino también de quienes, teniendo el deber histórico de defender el orden constitucional, optaron por la pasividad o la conveniencia.
Willy Valdivia es director ejecutivo de Orion Integrated Biosciences y especialista en inteligencia artificial aplicada a la defensa, la salud pública y la seguridad nacional. Con más de 20 años de experiencia, ha colaborado con organismos internacionales, asesorado a la Unión Europea y liderado proyectos en América Latina, Europa, Asia, Medio Oriente y África. Actualmente, también se desempeña como profesor adjunto en una universidad de Estados Unidos.



