En una reciente intervención en el programa Vélez por la mañana, la analista de riesgos políticos Valeria Marulanda advirtió que el país se enfrenta a un escenario atípico donde la racionalidad ha pasado a un segundo plano en la temporada previa a las elecciones presidenciales.
Estamos en una elección que, aunque siempre son emocionales, esta vez está regida totalmente por la emoción. Casi nadie conoce realmente los programas, señaló Marulanda, destacando que la ausencia de debates y la falta de garantías en las encuestas han configurado una campaña donde las personalidades pesan más que las propuestas.
Tres liderazgos marcan la fragmentación
El análisis de Marulanda también pone el foco en tres figuras que representan las fracturas actuales de la sociedad colombiana. Por un lado, Abelardo de la Espriella ha emergido como un fenómeno disruptivo que ha logrado arrebatarle las banderas al uribismo tradicional. Según la experta, el abogado ha capturado a los sectores que consideran que el expresidente Álvaro Uribe se volvió demasiado blando. Él llega como un jugador externo, disruptivo, con una fuerza increíble, explicó Marulanda, comparando su ascenso con fenómenos como los de Trump o Milei.
Iván Cepeda como heredero del petrismo
Por otro lado, Iván Cepeda se posiciona como el heredero natural del petrismo, utilizando una narrativa de redención para los sectores invisibilizados. Marulanda advirtió que Cepeda ha roto sus propios techos electorales, alcanzando hasta un 44 % en algunas mediciones, gracias a que es percibido como duro en ideología, pero suave en su forma.
Paloma Valencia y el equilibrio inestable
En medio de estos dos polos, Paloma Valencia se enfrenta a un desafío existencial. Al intentar apelar al centro, ha quedado en una posición de equilibrio inestable. Para la analista, Valencia corre el riesgo de convertirse en la candidata del establecimiento, lo que dificulta su conexión con un electorado que aún clama por el cambio que el actual gobierno prometió, pero que, según la narrativa oficial, no dejaron cumplir.
El panorama descrito por Marulanda refleja una Colombia polarizada donde la emoción domina sobre la razón, y donde los liderazgos personales pesan más que las propuestas programáticas. La analista concluyó que este escenario atípico podría definir el rumbo del país en las próximas elecciones.



