Los placeres inmediatos y los olvidos colectivos son conceptos que vinieron a la mente de Valerie Cifuentes al reflexionar sobre los dos terremotos que sacudieron Venezuela el 24 de junio. La situación en ese país, junto con otras injusticias globales, la han llevado a una profunda introspección.
La distopía de Huxley frente a la realidad actual
Cifuentes se cuestiona constantemente y recuerda a Aldous Huxley y su obra Un mundo feliz. A diferencia de George Orwell, quien en 1984 planteaba un control estatal basado en el miedo y el dolor, Huxley anticipó un control a través del placer, el confort y el consumo. Según Cifuentes, los placeres que brindan la tecnología y el consumismo debilitan el intelecto y vacían el espíritu humano, una idea que ella comparte.
Es fácil olvidarse de los demás cuando solo nos preocupa nuestro propio bienestar y utilizamos el tiempo restante para buscar placer inmediato mediante compras o entretenimiento en redes sociales. Sin embargo, Cifuentes no sataniza las redes sociales, pues reconoce su valor como fuente de información, dependiendo del uso que se les dé. No obstante, admite que el papel del algoritmo en esto es otro tema.
Solidaridad en medio de la tragedia
La situación de Venezuela le ha causado un profundo dolor, pero también ha observado cómo muchas personas en redes sociales invitan a donar tiempo si no tienen dinero, un gesto que considera hermoso. Esta muestra de humanidad refleja que aún hay quienes valoran la solidaridad como un pilar fundamental en sus vidas.
Por diversas razones, Cifuentes decidió donar dinero, pero enfrentó un conflicto interno sobre la cantidad destinada. Pensó: “Uff, esa plata me serviría para el mes”. Sin embargo, luego reflexionó: “No, no puedo pensar solo en mi mes”, cuando hay personas que se juegan la vida y que, sin apoyo, quizás no tengan un día más. Esto le recordó que “de lo mucho o poco que tenga, el valor de las cosas está en compartirlo con otras personas”.
Coherencia entre pensamiento y acción
Para ser coherente con sus ideas, Cifuentes siente que debe actuar. Plantea la necesidad de ayudar sin esperar nada a cambio, o al menos esperar el bienestar de otros. Eso, dice, ayudaría a combatir las desigualdades. Aunque la sociedad prioriza la competitividad sobre la solidaridad, no deberíamos normalizarlo. El individualismo, advierte, nos está causando un gran daño.
A nivel micro, por ejemplo, muchas mujeres dudan en ser madres debido a la falta de un sistema de cuidados que permita una maternidad compartida, sin sobrecargar a una sola persona. Las madres son alabadas por ser “todopoderosas”, pero nadie lo es realmente.
A nivel macro, cada vez más líderes globales se alejan de lo colectivo. Cita el caso de Donald Trump, quien busca retirarse de múltiples acuerdos internacionales sin intentar acordar cambios en beneficio de la sociedad. Parece más atractivo controlar todo, donde los “yo” sean amos y señores de las decisiones.
Un llamado a lo humano y colectivo
Cifuentes se pregunta: ¿qué tal si volvemos a lo humano, a lo colectivo, a la comunidad? ¿Cómo nos iría como sociedad? La reflexión invita a reconsiderar el valor de la solidaridad en un mundo marcado por el consumismo y el individualismo.



