La NASA lanzó este viernes una misión robótica para intentar evitar que uno de sus telescopios, ya obsoleto, se desintegre al reingresar a la atmósfera terrestre. La operación, considerada peligrosa y sin precedentes, podría tardar varios meses y busca salvar al satélite Swift, usado para estudiar los estallidos de rayos gamma, las explosiones más potentes del universo.
Lanzamiento y desarrollo de la misión
El lanzamiento estaba programado inicialmente para el martes, pero fue aplazado primero por mal tiempo y luego por problemas técnicos. Finalmente, la misión despegó a las 08H36 GMT de este viernes desde un atolón en el océano Pacífico. La nave espacial fue desarrollada por la empresa emergente estadounidense Katalyst y lanzada mediante un pequeño cohete llamado Pegasus, que a su vez fue liberado desde un avión. Ese sistema permitió poner en marcha una misión que busca realizar una maniobra compleja: localizar, alcanzar, acoplarse y empujar un telescopio en órbita.
El objetivo es evitar que Swift pierda altura hasta desintegrarse en la atmósfera. En lugar de quedar reducido a cenizas, el satélite podría ser impulsado a una órbita más alta y continuar su trabajo científico durante varios años. Con un presupuesto estimado de US$30 millones, la operación busca rescatar un telescopio que costó US$250 millones. La apuesta combina valor científico, ahorro de activos espaciales y una prueba tecnológica clave para futuras misiones de mantenimiento orbital.
Cómo será el rescate del telescopio Swift
Una vez la nave alcance una órbita cercana a la del satélite Swift, el robot deberá desplegar paneles solares y realizar una serie de comprobaciones técnicas. Solo después de esas verificaciones comenzará la parte más delicada de la misión. El robot tendrá que localizar el telescopio Swift en la inmensidad del espacio, orbitarlo y acoplarse a él mediante tres brazos robóticos. Esa secuencia exige precisión extrema, porque cualquier error en la aproximación podría comprometer tanto al robot como al telescopio.
Las maniobras de búsqueda, acercamiento y acoplamiento podrían durar varias semanas. La complejidad radica en que el robot no solo debe encontrar un objeto en órbita, sino igualar su trayectoria, mantenerse estable cerca de él y conectarse sin dañarlo. Una vez acoplado, el robot intentará impulsar el satélite unos 300 kilómetros más arriba, hasta su nivel orbital inicial. Esa fase de elevación de órbita se prevé que dure al menos un mes.
Impacto científico y tecnológico
El propósito final es darle más vida útil a Swift. Si la misión tiene éxito, el telescopio podrá evitar el reingreso atmosférico y continuar observando fenómenos de alta energía en el universo. El caso también servirá como prueba para una nueva generación de misiones robóticas. La capacidad de intervenir satélites en órbita puede abrir la puerta a rescates, reparaciones, reubicaciones y extensión de vida útil de equipos costosos que, hasta ahora, muchas veces se pierden cuando terminan su ciclo operativo.
La NASA reconoce que la misión implica numerosos riesgos. No se trata de una operación rutinaria, sino de un intento inédito por salvar un telescopio ya obsoleto mediante una nave robótica desarrollada para acercarse y acoplarse en el espacio. Shawn Domagal-Goldman, director de la división de astrofísica de la NASA, declaró recientemente estar "muy agradecido" por tener "la oportunidad de al menos intentarlo".
Valor económico y sostenibilidad espacial
La frase resume el tono de la misión: no hay garantía de éxito, pero el potencial beneficio científico y tecnológico justifica el intento. Swift ha sido utilizado para estudiar los estallidos de rayos gamma, fenómenos extremadamente energéticos que permiten a los científicos observar algunos de los eventos más violentos del universo. Salvar el telescopio significaría conservar una herramienta científica valiosa. También permitiría demostrar que una misión de bajo costo relativo puede prolongar la vida de un activo espacial mucho más caro.
El contraste económico es claro: la misión cuesta alrededor de US$30 millones, mientras el telescopio tuvo un valor de US$250 millones. Si el robot logra elevarlo a su órbita inicial, la NASA evitaría la pérdida inmediata del satélite y ganaría años adicionales de observación. La operación ocurre en un momento en que las agencias espaciales y las empresas privadas buscan nuevas formas de hacer más sostenible la actividad en órbita. Cada satélite que puede ser reparado, reubicado o extendido en su vida útil reduce la necesidad de reemplazos inmediatos y abre oportunidades para servicios espaciales especializados.
La participación de Katalyst, una empresa emergente estadounidense, también muestra el papel creciente del sector privado en misiones que antes estaban reservadas casi exclusivamente a agencias públicas. El desarrollo de robots capaces de operar cerca de satélites abre un mercado potencial para mantenimiento, asistencia y manejo de activos en órbita.
Próximos pasos y perspectivas
Por ahora, la misión apenas comienza. Tras el lanzamiento, vendrán semanas de comprobaciones, aproximación y acoplamiento antes de la fase de impulso orbital. Cada etapa tendrá riesgos propios y exigirá precisión técnica. Si el intento tiene éxito, la NASA no solo habrá salvado un telescopio de alto valor científico y económico. También habrá demostrado una capacidad que puede cambiar la forma en que se gestionan los satélites envejecidos: en lugar de dejarlos caer hacia la atmósfera, será posible intervenirlos para darles una segunda vida en el espacio.



