Periodismo bajo fuego: el desafío electoral que enfrentan los comunicadores colombianos
Este 9 de febrero, mientras Colombia conmemora el Día del Periodista, el oficio informativo se encuentra en una encrucijada peligrosa. En plena época electoral, las amenazas contra periodistas han encendido las alarmas, recordando el sombrío precedente de 2022, que fue catalogado como el periodo electoral más violento contra la prensa en la última década.
Un panorama preocupante
La Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP) ha emitido una advertencia contundente: el principal reto de este nuevo ciclo electoral es garantizar que las agresiones contra periodistas no afecten la calidad del debate público ni el derecho ciudadano a estar informado. Los datos son elocuentes: en lo corrido de 2026 ya se han reportado 10 amenazas contra periodistas en contexto electoral.
Natalia López, subdirectora legal y de protección de la FLIP, contextualiza la gravedad de la situación: "Tan solo en los primeros cinco meses de 2022 se registraron amenazas contra 97 periodistas y medios de comunicación, y se documentaron 29 agresiones". La experta añade con preocupación: "Lo que podemos prever para estas elecciones, debido al contexto de recrudecimiento de la violencia y a los continuos patrones de estigmatización y acoso, es que los periodistas estén en una situación de mayor vulnerabilidad al momento de cubrir el proceso electoral".
Historias que duelen: periodistas en la línea de fuego
Éder Narváez, periodista independiente en la subregión del Bajo Cauca antioqueño, personifica esta realidad peligrosa. Con una década de experiencia informando sobre la relación entre administración pública y grupos ilegales, Narváez ha reportado ante las autoridades 18 amenazas en su contra.
El periodista recuerda un episodio particularmente preocupante ocurrido hace cuatro años, en plena época electoral: "Fui víctima de una amenaza por parte de seguidores de una campaña política porque denuncié cómo esa campaña estaba siendo infiltrada por grupos armados. Logramos demostrar que expresidiarios y personas con antecedentes, incluso de homicidio, estaban al interior de dicha campaña".
A pesar del ambiente tenso marcado por violencia y polarización, Éder continúa recorriendo los municipios del Bajo Cauca, ahora acompañado del esquema de seguridad de la Unidad Nacional de Protección que le fue asignado.
La realidad en la frontera: Cúcuta como ejemplo
En el otro extremo del país, José Ignacio Arango ejerce el periodismo independiente en Cúcuta, Norte de Santander, una región con complejas condiciones de seguridad. "Siempre hay un riesgo latente al momento de informar, porque hacer denuncias contra ciertas bandas criminales o incluso contra casas políticas representa un peligro", asegura Arango, quien desde 2017 ha enfrentado múltiples amenazas.
El periodista fronterizo reconoce con franqueza: "En más de una ocasión, he pensado en abandonar mi profesión ante el riesgo constante que implica ejercerla". Su testimonio refleja la difícil disyuntiva que enfrentan muchos comunicadores regionales: entre su vocación informativa y la preservación de su seguridad personal.
Patrones preocupantes y responsabilidades claras
Un informe de la FLIP revelado este 9 de febrero identifica patrones alarmantes: la mayoría de las agresiones contra la prensa en regiones como Norte de Santander, Arauca, Valle del Cauca y Cauca provienen de:
- Funcionarios públicos y candidatos políticos
- Grupos armados ilegales
- Actores con intereses en silenciar investigaciones periodísticas
Este contexto electoral plantea desafíos fundamentales para la democracia colombiana. El periodismo en regiones apartadas, donde la violencia aún marca la agenda política y social, se ha convertido en un acto de valentía que muchas veces se ejerce en soledad.
La protección de los periodistas no es solo una cuestión de seguridad individual, sino una condición esencial para preservar el derecho ciudadano a la información y la calidad del debate democrático en un año electoral crucial para el país.