Un hueco negro: el desastre del continuismo en Colombia
Hueco negro: el desastre del continuismo

A lo largo de este desastroso Gobierno, hemos visto con frecuencia cómo los inmensos recursos que surgen de cualquiera de las brillantes ideas del presidente o de los descalabros que él mismo ocasiona, como fue el caso del Fomag, terminan teniendo un destino que, en apariencia, debería generar cierta tranquilidad respecto a su manejo. Los anuncios oficiales casi siempre concluyen diciendo que todo será administrado por La Fiduprevisora, atribuyéndole características casi mágicas para llevar a cabo las tareas más complejas.

La teoría de la fiducia

En teoría, podría pensarse que así debería ser, pues el negocio fiduciario consiste en la entrega de bienes, dinero o derechos a una entidad especializada para que los administre o ejecute con un propósito específico previamente acordado. La fiduciaria debe actuar como un administrador profesional, jurídicamente separado del patrimonio de quien entrega los recursos.

La confianza como pilar

La esencia del negocio fiduciario es, precisamente, la confianza jurídicamente organizada. Todo gira alrededor de una pregunta fundamental: ¿cómo lograr que distintas partes confíen entre sí cuando existen dinero, riesgos, plazos largos o intereses potencialmente contrapuestos? Alcanzar esa confianza exige, obviamente, un alto grado de profesionalismo en el manejo de los bienes entregados, que normalmente implican una elevada carga operativa —contable, jurídica y de interacción con entidades financieras, entre muchas otras—, pues solo un manejo diligente y cuidadoso permite construir la confianza buscada entre las partes.

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La realidad de La Fiduprevisora

Sin embargo, hasta donde se conoce, esa empresa no ha tenido ni la modernización tecnológica ni la incorporación de personal altamente capacitado que se requerirían para responder adecuadamente por las innumerables responsabilidades que le han sido asignadas. Y, si lo anterior no fuera suficiente, deberían encenderse todas las alarmas cuando los medios informan que funcionarios con rango de vicepresidente, asesores estratégicos, el gerente de Planeación Estratégica y el encargado del pago de nómina, entre otros, están formando un sindicato para ampararse en el fuero sindical y convertirse en intocables.

Una herencia funesta

Esta es otra de las funestas herencias que este Gobierno le dejará a su sucesor. Los retos de quien llegue serán inmensos. Como nunca antes, el país necesita verdaderos servidores públicos experimentados, capaces de actuar con base en argumentos, datos y realidades, y no personas dominadas por la ideología e incapaces de entender las consecuencias de sus obsesiones.

La importancia del voto

Más que nunca, en esta ocasión es importante votar para salir del caos autoinfligido al que puede llegar Colombia. Es necesario expresarse en las urnas y entender, al mismo tiempo, que el continuismo solo puede conducir al desastre. A estas alturas es evidente que solo tres candidatos tienen posibilidades reales de ser elegidos, y es frente a ellos que debe tomarse una decisión. Hoy, toca pensar más en el voto útil que en el voto ideal. Y, según la mayoría de las encuestas, quien tiene mayores posibilidades de derrotar a Cepeda en una segunda vuelta es Paloma. Por ella hay que votar.

Ricardo Villaveces, ingeniero industrial, presidente de Asocaña por casi veinte años, consultor privado y miembro de múltiples juntas directivas en los sectores financiero, industrial, energético, servicios, educativo y de investigación. Escribe para El País hace más de veinte años.

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