Con al menos 2.000 participantes, más de 20 espacios de diálogo y delegaciones de cerca de 60 países, la ‘Conferencia para la transición más allá de los combustibles fósiles’ cerró ayer su primera edición como un punto de partida en la discusión global sobre el fin de la dependencia del petróleo, el gas y el carbón. El encuentro, que se desarrolló entre el 24 y el 29 de abril en Santa Marta, dejó una hoja de ruta inicial, nuevas alianzas internacionales y un consenso creciente: la transición ya no es una opción, pero su implementación apenas comienza.
Un evento sin los grandes contaminadores
Durante seis días, el evento articuló siete grandes ejes —académico, parlamentario, de pueblos, gobiernos subnacionales, sindicatos, sector privado y organismos multilaterales— en los que se consolidaron propuestas que ahora pasan al terreno de las decisiones políticas. En palabras de la ministra encargada de Ambiente de Colombia, Irene Vélez, el proceso incluyó una participación amplia que abarcó desde la asamblea de los pueblos hasta espacios técnicos especializados. Para Vélez, la participación de gobiernos subnacionales como California evidencia que la discusión sobre la transición energética ya no es exclusiva de los Estados nacionales, sino que permea todos los niveles de gobierno.
Por su parte, Stientje van Veldhoven, ministra de Clima y Crecimiento Verde de los Países Bajos, país coorganizador del encuentro, señaló que el hecho de que participaran países que representaban “aproximadamente el 30 % del PIB y el 30 % del consumo de combustibles fósiles a nivel mundial” muestra que el “enfoque realmente está cambiando: no solo hacia más energía renovable o mayor eficiencia energética, sino hacia una verdadera transición para dejar atrás los combustibles fósiles”.
Ese 30% del PIB y del consumo global es, al mismo tiempo, la principal fortaleza y la principal limitación del proceso: la conferencia se celebró sin la presencia de China ni de los Estados Unidos a nivel de gobierno federal. Nick Robins, director sénior de Finanzas y Sector Privado del World Resources Institute (WRI), lo planteó con franqueza: “Creo que podemos hacer grandes cambios sin los grandes contaminadores, sin China, sin Estados Unidos aquí”. Y describió el encuentro como algo cualitativamente distinto a la dinámica de las COP: “Si has estado en la COP, es un gran espacio que es lento. Esto es diferente. Fue fantástico: una reunión sobre el clima, sin el lobby del petróleo y el gas, sin Chevron, sin las empresas de Texas”.
Impulso histórico y realidades económicas
Para Evelyn Hartig, directora de la Oficina de Bogotá de la Fundación Heinrich Böll, la conferencia fue “un gran éxito”. Hartig destacó que la sola concurrencia de ministros y ministras de unas 60 naciones, cerca de 40 parlamentarios, 400 científicos y 1.500 representantes de la sociedad civil y grupos étnicos “pone de manifiesto el impulso histórico del momento”. A ello sumó un dato económico revelador: según informes de la Agencia Internacional de Energías Renovables de 2025, alrededor del 91 % de los proyectos de energías renovables puestos en marcha en todo el mundo resultaban más rentables que las nuevas instalaciones basadas en combustibles fósiles. La transición, en otras palabras, ya no es solo un imperativo moral sino una realidad económica.
El presidente, Gustavo Petro, quien participó en el encuentro, situó la conferencia en un marco político más amplio y más sombrío. Petro advirtió que la lucha contra la crisis climática no es solo científica sino profundamente política. “Cada vez que se afronta un desafío, sale una resistencia social y política muy articulada al poder que existe”, señaló, refiriéndose al lobby petrolero que, según dijo, logró que en negociaciones anteriores ni siquiera se transcribiera el párrafo del informe científico que atribuye el 75 % de la crisis climática a la extracción y consumo de hidrocarburos.
El panel científico: el mayor logro
Si hay un resultado que los expertos coinciden en señalar como el avance más concreto y duradero de la conferencia, es la creación del Panel Científico para la Transición Energética Global (SPGET, por sus siglas en inglés), anunciado el 25 de abril durante el Diálogo Académico, en el que participaron más de 500 expertos.
El panel reunirá a Johan Rockström, director del Instituto Potsdam para la Investigación del Impacto Climático, y a Carlos Nobre, reconocido por sus décadas de investigación sobre la Amazonia, entre otras figuras de primer nivel. Hartig destacó que este nuevo grupo de expertos ya definió 12 acciones inmediatas y ofrecerá asesoramiento a los gobiernos que elaboren hojas de ruta nacionales hacia el abandono del carbón, el petróleo y el gas basadas en la ciencia y la justicia.
Ximena Barrera, directora de Relaciones Internacionales de WWF Colombia, subrayó que la conferencia marcó un punto de inflexión al pasar de compromisos generales a la implementación, aportando insumos a la hoja de ruta que Brasil, como presidente de la COP30, deberá presentar en Turquía a finales de este año. “El éxito se medirá en resultados claros: una coalición de países comprometidos, un informe sólido con rutas basadas en ciencia y señales creíbles de cooperación y acción”, señaló.
Un proceso continuo, no un evento aislado
En todo caso, la conferencia fue concebida desde el principio no como un evento único, sino como el inicio de un proceso que puede tomar varios años. Hartig lo confirmó como uno de los logros del encuentro: se establece un proceso internacional continuo, no un evento aislado. Y aunque al cierre de esta edición no había confirmación oficial, Tuvalu aparece como la sede más probable para 2027, llevando la discusión a una pequeña nación insular del Pacífico cuya supervivencia como Estado depende, literalmente, de lo que el mundo decida hacer con sus emisiones.
Ana Carolina González, directora para América Latina del Natural Resource Governance Institute (NRGI), identificó el reto más urgente para las próximas ediciones: ampliar el círculo más allá del núcleo ya comprometido, incluyendo a empresas estatales de petróleo como Ecopetrol. “Lograr su participación plena en estrategias para su transformación debería ser la columna vertebral de cualquier hoja de ruta para la transición más allá de los combustibles fósiles a nivel nacional o global”, afirmó.
Lo que falta: compromisos reales más allá de los textos
Ahora que la conferencia cerró sus puertas, expertos y sociedad civil son enfáticos: tanto el informe producido como el panel científico son instrumentos consultivos, no vinculantes. Laura Restrepo, oficial de incidencias en transiciones del nodo latinoamericano de Climate Action Network (CANLa), celebró el encuentro como “un triunfo político de los movimientos sociales a nivel nacional y global”, destacando que nombrar con claridad a los combustibles fósiles es ya en sí mismo un avance que otros organismos internacionales han evitado.
Con suficiente voluntad política, dijo, la conferencia podría lograr establecer un mecanismo de seguimiento hacia una segunda reunión, generar condiciones para evaluar la creación de un tratado sobre fósiles, impulsar el abandono del sistema de solución de disputas inversor-Estado (ISDS) y entregar a la presidencia de la COP30 un compendio de barreras y soluciones concretas. En esa misma línea, Hartig apuntó como uno de los logros visibles que varios actores estatales y de la sociedad civil están presionando para iniciar negociaciones de un Tratado de No Proliferación de Combustibles Fósiles.
Leonardo Rojas, quien lidera discusiones sobre financiamiento para la transición energética en Polen Transiciones Justas, planteó tres condiciones para que el encuentro pueda calificarse de exitoso: acciones económicas concretas que garanticen recursos para los países que adopten hojas de ruta de salida de los fósiles; reformas a la arquitectura financiera internacional, incluyendo los mecanismos de arbitraje que impiden exigir responsabilidades ambientales a las empresas fósiles y las deudas que obligan a ciertos países a seguir extrayendo; y planes de transformación productiva consolidados a nivel país y región, con acuerdos de cooperación tecnológica para fortalecer nuevas economías. “Esos tres aspectos garantizarían que esta conferencia sea considerada exitosa”, afirmó Rojas.
Laura Caicedo, coordinadora de Campañas para Greenpeace Colombia, lo resumió con claridad: “Lo que ocurrió aquí en Santa Marta no fue un foro más de declaraciones, es una coalición de los países que quieren moverse y que buscan sumar a más gobiernos en un momento en que el mundo está paralizado entre discursos y acciones”.
Una pregunta abierta
Lo que Santa Marta dejó, en definitiva, es una pregunta abierta que los próximos meses deberán responder: ¿regresarán los gobiernos a sus países y anunciarán compromisos nacionales concretos, o la energía acumulada en estos seis días se disolverá sin consecuencias medibles? Como señaló Barrera desde WWF Colombia, “el mensaje es claro: la transición es posible si se construye con participación efectiva y soluciones reales”. Pero posible no es lo mismo que inevitable. Y en esa diferencia —entre lo posible y lo que finalmente ocurre— se juega el verdadero legado de la primera gran conferencia global dedicada a ir más allá de los combustibles fósiles. Ese veredicto, a diferencia del calor caribeño que acompañó toda la conferencia de Santa Marta, todavía está por verse.



