Colombia se prepara para unas elecciones presidenciales marcadas por la división sobre cómo enfrentar el resurgimiento del conflicto armado. Mientras algunos apuestan por el diálogo, otros exigen una guerra frontal contra los grupos ilegales. En medio de esta tensión, quienes apoyaron el proceso de paz se encuentran en la línea de fuego.
Diez años después de la firma del acuerdo de paz
La exguerrillera Nidia Arcila firmó la paz sin imaginar que una década después las montañas donde combatió estarían nuevamente bajo el fuego de disidencias de las FARC y narcotraficantes. En el municipio de Algeciras, Huila, tres grupos disidentes se disputan las rentas del narcotráfico, generando una ola de violencia que afecta a la población civil.
Desde la firma del pacto en 2016, 492 exguerrilleros han sido asesinados, según Miroslav Jenča, jefe de la Misión de Verificación de la ONU en Colombia. Entre las víctimas se encuentra Ronald Rojas, pareja de Arcila, quien fue asesinado a tiros en su casa en zona rural del Huila. La justicia no ha identificado a los responsables, pero Arcila sospecha que el crimen está relacionado con el compromiso de Rojas con la implementación del acuerdo.
Dos visiones irreconciliables
La violencia es una de las principales preocupaciones en la campaña electoral. El senador Iván Cepeda, líder en las encuestas, propone continuar con las negociaciones de paz, en línea con el presidente Gustavo Petro. Por otro lado, el abogado Abelardo de la Espriella aboga por una ofensiva militar total, evocando la época del expresidente Álvaro Uribe.
En Algeciras, 12 excombatientes y familiares han sido asesinados. En enero, un ataque armado dejó gravemente herido a un antiguo guerrillero y su esposa falleció. La ONU, la iglesia católica y funcionarios han visitado la localidad para escuchar a las víctimas. Jenča afirmó que la violencia es "el principal obstáculo para consolidar el proceso de reincorporación".
Presión para rearmarse
Los grupos criminales buscan reclutar a excombatientes por su experiencia. "Los presionan a ingresar o morir", señala Alejandro Chala, investigador del Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz. Un exmiliciano que pidió anonimato relató que lo han contactado para que retome las armas, pero se niega: "Mis mejores años se los dediqué a la guerrilla y no quiero volver a ponerme esas botas".
Johnesmith Rincón, excombatiente que dirige una fundación juvenil, se moviliza con escolta tras recibir amenazas. "El camino es la reconciliación", afirma, y espera que "Algeciras pueda vivir en paz".
Colombia enfrenta la peor ola de violencia en una década, y la pregunta sobre cómo abordarla divide al país. Mientras unos confían en el diálogo, otros exigen mano dura. Lo cierto es que la paz sigue costando vidas.



