Papa invita a acoger a toda mujer como hermana y a todo hombre como hermano
Papa invita a acoger a toda mujer como hermana y a todo hombre

Barcelona, 10 jun (EFE).- El papa Francisco ha invitado este miércoles a los cristianos "a acoger a toda mujer como hermana y a todo hombre como hermano" durante un encuentro en la Iglesia de San Agustín, en el barrio barcelonés del Raval, donde se reunió con representantes de asociaciones dedicadas a obras de caridad.

"El cristiano, además de ser bondadoso y amable, ha de ser compasivo, amar sin interés y buscar el bien de los demás, sabiendo que en cada hermano y hermana que sufre es el mismo Señor quien pide y recibe, quien es acogido o rechazado, amado o despreciado", expresó el pontífice.

Llamado a la compasión y al servicio

El papa pidió a los miembros de la Iglesia de Barcelona que, "según sus propias posibilidades y capacidades, con discreción, delicadeza y perseverancia, atiendan a las heridas y necesidades de los más pequeños y vulnerables para aliviar sus sufrimientos y remediar su pobreza".

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Durante el acto, Francisco escuchó los testimonios de diversas asociaciones de caridad, como Obinso y Cáritas, que le explicaron que las personas llegan a ellas "cansadas y desorientadas; atravesadas por la exclusión, a menudo marcadas por la calle o la prisión, rodeadas de miedos que ahogan su propia voz".

Agradecimiento a las asociaciones

El papa agradeció a todas las asociaciones de caridad presentes "sobre todo en los tiempos que estamos viviendo, en los que parece haberse perdido el sentido de la dignidad sagrada del ser humano".

Entre los testimonios escuchados, destacó el de una religiosa adoratriz que trabaja con mujeres víctimas de la trata. "Acompañar los procesos de recuperación de estas mujeres y sus hijos me suscita indignación al descubrir el profundo dolor y las huellas que este tipo de esclavitud ha dejado en sus vidas", afirmó.

Denuncia de la trata de personas

La religiosa denunció: "Son mujeres que emprendieron un proceso migratorio huyendo de situaciones de violencia, conflictos bélicos y pobreza, buscaban una vida mejor y se encontraron en situaciones de trata de personas. A la violencia sufrida se suman los desplazamientos y el desarraigo familiar y cultural que supone habitar en otro país".

Su testimonio concluyó con un reconocimiento "a cada mujer fuerte y valiente, superviviente de muchos naufragios que nadan contra viento y marea para superar obstáculos; mujeres capaces de celebrar la vida mostrándonos que el mal no tiene la última palabra".

Invitación final a la acogida

"El Señor, pues, nos invita a acoger a toda mujer como hermana y a todo hombre como hermano", recordó el papa tras escuchar los testimonios. Se despidió pidiéndoles que sean "testigos creíbles de la esperanza cristiana en el servicio solícito a los hermanos y hermanas que, en una condición de vida precaria, marcada por la privación, la fragilidad o la marginación, además de ayuda material y sostén moral, necesitan a Dios".

El encuentro concluyó con un mensaje de esperanza y solidaridad, reafirmando el compromiso de la Iglesia con los más necesitados.

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