¿Qué nos hace falta para vernos con los mismos ojos con los que nos ven quienes nos visitan? ¿Qué nos está faltando para aprovechar, al mismo nivel, las oportunidades que ya sabemos que existen?
Hace unos días, Jorge Acevedo, exgerente del Puerto Interior de Guanajuato en México, visitó Santander y pasó por Barrancabermeja. Su mirada, como la de muchos que nos visitan, fue clara: aquí hay un potencial enorme. Logística, turismo, ubicación estratégica. Elementos que no nos son ajenos, que reconocemos, pero que aún podemos capitalizar con mayor fuerza.
Y entonces aparece la pregunta inevitable: ¿por dónde empezar? La respuesta puede sonar simple, pero encierra un reto profundo: creernos el cuento.
Porque sí, sabemos lo que tenemos. Conocemos nuestras ventajas, hablamos de ellas, las hemos puesto sobre la mesa en distintos escenarios. Pero creernos el cuento va un paso más allá. Es asumirlo con convicción, con coherencia, con la seguridad suficiente para proyectarlo y convertirlo en resultados.
Cuando una región realmente se cree su potencial, cambia la forma en que actúa y en que se comunica. Toma decisiones más ambiciosas, alinea esfuerzos y logra influir en otros con mayor claridad.
Y es ahí donde está uno de nuestros principales retos. No es descubrir oportunidades, es aprovecharlas mejor. Pero creernos el cuento, por sí solo, no basta.
También necesitamos dejar de pensar la región como una suma de esfuerzos aislados. Barrancabermeja, y Santander en general, deben entenderse como un sistema donde todo está conectado: empresas, instituciones, ciudadanía, economía. Cada decisión suma, cada avance impulsa al conjunto.
En ese punto, la ecuación es clara. Se necesita visión, pero también acción. Y ambas requieren una gobernanza que funcione.
Para avanzar, se necesitan reglas definidas, responsables visibles, metas concretas y un plan que trascienda los periodos. Ese es uno de los grandes retos que tenemos hoy: pasar de la conversación a la ejecución, de la intención al resultado.
En ese camino, espacios como Santander 2050 dejan una señal positiva. Ver a tantos santandereanos reunidos, hablando de un futuro común, emociona y compromete. Pero el verdadero desafío empieza después, cuando esas ideas deben convertirse en decisiones y esas decisiones en hechos.
Tal vez el punto de partida no es tan complejo como parece. Tal vez no se trata de descubrir lo que somos, sino de actuar, de una vez por todas, como lo que ya sabemos que podemos ser.
Y ahí sí, creernos el cuento.



