Violencia de domiciliarios en Bogotá: ataque grupal a conductor expone crisis de seguridad
Un incidente violento protagonizado por una turba de moteros que prestan servicios de domicilio para la plataforma Rappi ha puesto en evidencia un problema que se ha venido agravando en la capital colombiana. Este hecho no es aislado y refleja una situación que ha escapado al control de las autoridades.
El ataque que conmocionó a la ciudad
Todo comenzó cuando un conductor reclamó a un rappitendero por cometer una infracción de tránsito. Tras un cruce de palabras, el domiciliario, actuando con cobardía, llamó a refuerzos de su gremio. Aproximadamente 13 mensajeros se unieron a una persecución hasta dar alcance al vehículo del hombre, procediendo luego a destruirlo de manera violenta.
Los medios reportaron que esta emboscada delincuencial pudo terminar en tragedia. No es la primera vez que estos trabajadores se ensañan contra ciudadanos que osan hacerles un reclamo, atacando sin distinción de género o edad.
La respuesta de las autoridades y la plataforma
El alcalde Carlos Fernando Galán rechazó contundentemente lo sucedido, calificándolo como un acto de violencia y exigiendo sanciones para los responsables. Por su parte, Rappi se pronunció mediante un comunicado donde bloqueó y expulsó de su plataforma a los 13 agresores, afirmando que "ninguna conducta indebida es anónima" en su sistema.
Esta respuesta genera cierta tranquilidad, pero evidencia que el problema requiere acciones más contundentes y sostenidas.
Un problema estructural que se sale de control
Con aproximadamente 20.000 personas dedicadas a este oficio en Bogotá, la mayoría en motocicleta, y presionadas por las exigencias de entrega exprés de las plataformas, estos trabajadores han convertido los espacios públicos en territorios sin ley. Invaden andenes, saltan separadores, zigzaguean temerariamente entre vehículos y aceleran indiscriminadamente, mostrando una actitud de impunidad generalizada.
Lo más preocupante es que cualquier intento de llamarlos al orden puede desencadenar respuestas violentas como la ocurrida, donde acuden a lo que algunos han denominado 'gavillería' para intimidar a los ciudadanos.
La responsabilidad compartida
El alcalde Galán tiene razón al señalar que las empresas para las que trabajan estos sujetos no pueden hacerse las de la vista gorda. Cuando ocurre una imprudencia, la primera asociación mental es con la marca Rappi antes que con el mensajero individual.
Por tanto, es imperativo que las autoridades exijan a estas plataformas una mayor responsabilidad sobre las acciones de sus servidores y un compromiso más firme con la seguridad ciudadana. Los bogotanos no deberían sentir temor cada vez que ven a un rappitendero circulando por las calles.
Un llamado a la cordura y el respeto
Los domiciliarios deben entender que la ciudad no les pertenece y no pueden actuar como amos y señores del espacio público. Quienes han encontrado en este oficio una oportunidad laboral legítima deben corresponder con respeto a la sociedad que les brinda sustento.
Mientras tanto, las autoridades y empresas como Rappi deben mantener estos comportamientos en su radar, aplicando las sanciones necesarias. La ciudadanía, por su parte, debe continuar denunciando estos actos que violan las normas mínimas de convivencia urbana.



