El sistema de salud colombiano debe encaminarse hacia una hoja de ruta que recupere su capacidad de respuesta sin desmontar sus bases, coincidieron actores del sector al plantear un enfoque centrado en los pacientes. La discusión se mueve hacia cómo corregir fallas sin destruir un modelo que consideran recuperable.
Fortalecer, no reemplazar
En ese contexto, la premisa compartida es que Colombia cuenta con un sistema público con participación de privados que debe fortalecerse y no reemplazarse. Actores de la salud advierten que transformar no puede significar desarticular capacidades existentes que aún sostienen la atención.
Desde distintas voces se insiste en que la prioridad es reorientar el debate hacia soluciones concretas. “Había que mejorar el sistema, no destruir lo que había”, señalaron. El énfasis está en avanzar con reformas técnicas y no en profundizar rupturas estructurales.
Paciente como centro
Uno de los primeros pasos de esa hoja de ruta es recuperar el enfoque en el paciente. “En el nuevo discurso debemos poner en el centro a los pacientes”. Esto implica reorganizar decisiones, recursos y prioridades alrededor de las necesidades reales de las personas.
Esa mirada también exige reconocer diferencias profundas entre territorios y grupos poblacionales. El sistema debe adaptarse a brechas sociales y geográficas que hoy condicionan el acceso efectivo. Los actores coinciden en que acercar la atención es fundamental para mejorar resultados, pues la concentración de servicios en grandes ciudades es vista como una falla estructural que debe corregirse.
Sostenibilidad financiera
En paralelo, se plantea que la sostenibilidad financiera debe abordarse sin simplificaciones. “Los recursos son la sangre del sistema”. El reto no es solo aumentar la financiación, sino optimizar su uso y asegurar impacto en la atención. El aumento del gasto de bolsillo se convierte en una señal de alerta que no puede ignorarse, ya que refleja tensiones que afectan directamente a los usuarios y erosionan la confianza.
Frente a ese escenario, se propone avanzar en soluciones integrales que combinen eficiencia y equidad. “Tenemos que mirar soluciones alrededor de la financiación”. El enfoque debe equilibrar sostenibilidad con acceso oportuno y de calidad.
Rol del sector privado
Los actores advierten sobre el riesgo de estigmatizar componentes esenciales del modelo. “Hay que desatanizar al sector privado dentro del sistema de salud”. La participación privada es vista como un complemento necesario en la provisión del servicio. La hoja de ruta también plantea fortalecer la articulación entre actores públicos y privados, ya que la coordinación es clave para garantizar cobertura y eficiencia en el sistema.
Fragmentación y cohesión
Sin embargo, uno de los principales obstáculos identificados es la fragmentación del sector. “Ha faltado unirnos en el mensaje”. La ausencia de una voz común ha debilitado la capacidad de incidencia y defensa del modelo actual. Esa dispersión ha facilitado la consolidación de visiones que cuestionan el sistema en su conjunto. Reconstruir cohesión interna se vuelve un paso imprescindible para avanzar en reformas.
En términos estratégicos, se plantea la necesidad de evolucionar el discurso sobre la salud. “La salud debe verse como un motor de crecimiento”. Más que un gasto, se propone entenderla como una inversión clave para el desarrollo económico y social.
Transparencia y autocrítica
La transparencia emerge como otro pilar fundamental para recuperar legitimidad. “Este debe ser un sistema de libro abierto”. Abrir información y rendir cuentas puede fortalecer la confianza ciudadana en el funcionamiento del sistema. Asimismo, se reconoce que no basta con defender lo existente, sino que se requiere autocrítica. “Debemos reconocer que hay problemas muy graves en el sistema”. La hoja de ruta parte de aceptar fallas para construir soluciones sostenibles.
En ese sentido, se insiste en que la reforma no puede limitarse a recursos adicionales. “La resolución de los problemas no es solo inyectar los recursos”. El cambio exige ajustes estructurales en gestión, acceso y organización del servicio. Finalmente, el llamado es a construir una visión compartida de largo plazo que supere intereses individuales.



