Mujeres del Ejército protegen a Colombia desde el frente digital
Mujeres del Ejército protegen a Colombia desde el frente digital

Mientras en las regiones las operaciones militares avanzan en tierra, aire y ríos, existe otro frente menos visible en el que también se libra una batalla diaria. Desde 2022, la Brigada de Interoperabilidad de Comunicaciones, Computación y Ciberdefensa del Ejército Nacional asumió la tarea de resguardar la seguridad digital de la Fuerza, custodiar información sensible y mantener en funcionamiento la infraestructura tecnológica que respalda cada misión.

Una unidad estratégica para la seguridad nacional

Se trata de una capacidad que hoy resulta transversal para la institución. Más de 53.000 usuarios dependen de esa red tecnológica para comunicarse, consultar datos, ejecutar procesos y coordinar movimientos operacionales. En paralelo, el desarrollo de herramientas internas permitió optimizar procedimientos y generar ahorros superiores a los 12.500 millones de pesos.

Pero detrás de servidores, redes seguras y plataformas de monitoreo también hay rostros. Uno de ellos es el de la capitán Yakelline Sánchez, ingeniera de sistemas y oficial de operaciones tecnológicas, quien encontró hace más de una década en el Ejército una manera distinta de servir al país.

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El trabajo silencioso de las mujeres en la ciberdefensa

Su trabajo no ocurre en primera línea de combate, aunque sí impacta directamente lo que sucede allí. De su equipo depende que la información circule con precisión, llegue a tiempo y conserve condiciones de seguridad para apoyar decisiones en terreno. “Es una labor silenciosa, pero esencial. Nosotros protegemos la información que permite que las operaciones se desarrollen”, señala la capitán.

En ese mismo engranaje trabaja la sargento segundo Marcela Sánchez, integrante del Batallón de Interoperabilidad. Su misión se concentra en garantizar que las comunicaciones no se detengan, incluso en zonas apartadas donde la conectividad puede definir la coordinación de una operación.

La experiencia la ha llevado a escenarios complejos, en lugares donde instalar enlaces y mantener comunicación exige capacidad técnica y reacción inmediata. “Llegamos a los lugares más recónditos del país, garantizamos que cada integrante del Ejército Nacional tenga acceso a la información que necesita”, afirma.

Costos personales y compromiso con el servicio

Las dos coinciden en una rutina marcada por turnos exigentes, actualización constante y decisiones que no admiten margen de error. También en los costos personales que implica la carrera militar, como la distancia con sus familias y la disponibilidad permanente que demanda el servicio.

Con el paso de los años, la defensa nacional dejó de limitarse al control del territorio. Hoy también pasa por bases de datos, sistemas de comunicación, redes internas y plataformas estratégicas cuya afectación podría impactar operaciones enteras. En ese escenario, el trabajo de estas mujeres se volvió parte de una primera línea que pocas veces aparece ante las cámaras.

Desde salas de monitoreo, centros de datos y puestos técnicos, ellas sostienen una tarea silenciosa que no suele verse en los reportes operacionales. Sin embargo, en tiempos en que la información también es objetivo de ataque, su labor se convirtió en una pieza clave para la seguridad del país y el funcionamiento del Ejército Nacional.

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