En medio de una crisis energética sin precedentes, el director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), John Ratcliffe, confirmó un encuentro inédito en La Habana con altos funcionarios del gobierno cubano. La visita ocurre mientras la isla enfrenta apagones masivos y una severa escasez de combustible, agravada por el bloqueo petrolero impuesto por Estados Unidos desde finales de enero.
Apagones históricos y descontento social
El viernes pasado, residentes del barrio Playa, al oeste de La Habana, salieron a las calles gritando "¡Pongan la luz!". Era el tercer día consecutivo de cortes eléctricos que dejaron sin servicio al 51 % del país simultáneamente. Aunque crítico, este porcentaje representó una mejora respecto al día anterior, cuando el 70 % del territorio estuvo a oscuras, el peor registro desde que se difundieron datos sobre apagones. La desesperación llevó a habitantes de varios barrios capitalinos a golpear cacerolas en señal de protesta.
El gobierno cubano anunció esta semana que se quedó sin reservas de diésel ni fueloil para los grupos electrógenos que complementan la generación eléctrica de las siete centrales termoeléctricas del país. Las 100.000 toneladas de crudo del petrolero ruso autorizado por Washington a finales de marzo "se agotaron", según las autoridades.
Nuevas sanciones y presión internacional
Dos navieras internacionales que mantenían operaciones con Cuba, la alemana Hapag-Lloyd y la francesa CMA CGM, anunciaron el viernes que dejaron de aceptar nuevos pedidos vinculados a la isla. La decisión responde a la necesidad de analizar las consecuencias de la Orden Ejecutiva de EE.UU. que amplía las sanciones, incluyendo medidas extraterritoriales.
Mientras La Habana acusa a Washington de ser responsable de la crisis eléctrica, el gobierno cubano se declaró "dispuesto" a examinar la propuesta de ayuda financiera de Estados Unidos, que reiteró una oferta de 100 millones de dólares en asistencia humanitaria, condicionada a que sea distribuida por la Iglesia católica sin pasar por el gobierno comunista.
La visita de la CIA y posibles implicaciones legales
En un hecho sin precedentes en la diplomacia bilateral, el director de la CIA, John Ratcliffe, confirmó que se reunió este jueves en La Habana con altos funcionarios del gobierno cubano. Según un comunicado de la agencia, Ratcliffe sostuvo conversaciones directas con autoridades del Ministerio del Interior y responsables de los servicios de inteligencia de la isla. La visita incluyó encuentros con Raúl Rodríguez Castro, nieto del expresidente Raúl Castro y asesor de seguridad, así como con el ministro del Interior, Lázaro Álvarez Casas. Los temas abordados incluyeron cooperación en inteligencia, seguridad regional y la situación económica de Cuba.
La versión estadounidense indica que Ratcliffe transmitió la disposición de Estados Unidos a explorar un diálogo más amplio sobre temas económicos y de seguridad, aunque condicionado a "cambios fundamentales" por parte del gobierno cubano.
Sin embargo, la revelación más impactante provino de fuentes estadounidenses. La cadena CBS News y el diario Miami Herald, citando a funcionarios familiarizados con el asunto, reportaron que EE.UU. evalúa imputar al expresidente cubano Raúl Castro, de 94 años, por el derribo en 1996 de dos aviones civiles tripulados por pilotos anticastristas.
El presidente Donald Trump evitó comentar directamente sobre esos reportes. "No quiero hacer comentarios al respecto. Que sea el Departamento de Justicia quien comente sobre ello", respondió a periodistas a bordo del Air Force One, de regreso desde China. "Los cubanos necesitan ayuda. Así que ya veremos, tenemos mucho de qué hablar sobre Cuba", agregó.
De confirmarse, la imputación contra Castro formaría parte de un renovado esfuerzo de la administración Trump por incrementar la presión sobre el gobierno del presidente Miguel Díaz-Canel, en paralelo a otras medidas diplomáticas y económicas destinadas a forzar un cambio político en la isla.
Crisis humanitaria y alerta de la ONU
La Organización de las Naciones Unidas (ONU) también estuvo presente esta semana en Cuba. Edem Wosornu, directora de la División de Respuesta a las Crisis de la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA), pasó cuatro días en el país y se reunió con unos 24 embajadores, incluido el encargado de negocios de Estados Unidos, Michael Hammer. Según explicó, todos los Estados con los que trabajaron "coincidieron en que la situación humanitaria y la facilitación del flujo de ayuda al país son una prioridad".
Según datos de la Organización Mundial de la Salud, la crisis energética ya ha retrasado 100.000 cirugías y está aumentando el riesgo de enfermedades como dengue, malaria y chikunguña. "El combustible tiene un impacto directo en el riesgo para la salud pública", declaró Altaf Musani, director de Gestión Humanitaria y de Desastres de la OMS, y añadió que está afectando especialmente la atención para mujeres embarazadas.
Wosornu alertó que las consecuencias devastadoras del huracán Melissa, que azotó la isla en octubre de 2025, se suman ahora al recrudecimiento del bloqueo del petróleo y la contracción económica. "Lo que en un principio se consideraba una necesidad a corto plazo se ha convertido en una emergencia prolongada y multifacética que socava los servicios esenciales en Cuba, a pesar de la resiliencia del pueblo", advirtió.



