Ante el incremento de la probabilidad de ocurrencia del Fenómeno de El Niño en Colombia, proyectada por el Ideam y el Ministerio de Ambiente en más del 90% para septiembre de 2026, la Gobernación de Cundinamarca activó una estrategia de preparación en 42 municipios priorizados por su vulnerabilidad frente a sequías, incendios forestales y riesgos de desabastecimiento de agua.
Los boletines técnicos más recientes indican que, entre mayo y julio de 2026, el riesgo de consolidación de El Niño ya se sitúa en el 61%, con un aumento progresivo durante el segundo semestre. Las autoridades nacionales han advertido sobre impactos climáticos como olas de calor, estrés hídrico, incendios forestales y afectaciones directas en la producción agrícola y el abastecimiento de alimentos.
Mesa técnica para fortalecer la respuesta territorial
La Unidad Administrativa Especial para la Gestión del Riesgo de Desastres (Uaegrd) lideró una mesa técnica en el Salón de Gobernadores, convocando a alcaldes y delegados de los 42 municipios más expuestos. El objetivo fue actualizar los planes de contingencia, articular acciones con prestadores de servicios públicos y organismos de socorro, y reforzar la capacidad de respuesta territorial.
El director de la Uaegrd, William Eduardo Rozo Vargas, señaló que la prioridad es que los municipios revisen y ajusten sus Estrategias Municipales de Respuesta a Emergencias (EMRE), formulen planes específicos y coordinen acciones con Bomberos, Defensa Civil y Cruz Roja. Durante la jornada se socializó el plan de contingencia departamental, con énfasis en la gestión eficiente del recurso hídrico y la prevención de incendios forestales.
Protección ambiental en 140.000 hectáreas de la cuenca del río Bogotá
La Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR) anunció la puesta en marcha de un proyecto para blindar ambientalmente cerca de 140.000 hectáreas en la cuenca del río Bogotá. El plan contempla la delimitación física de 22 áreas estratégicas en 28 municipios y el área rural de Bogotá, señalizadas con estructuras conocidas como “mojones” para prevenir ocupaciones ilegales y frenar procesos de urbanización no autorizada.
La estrategia busca proteger ecosistemas clave como páramos y corredores biológicos, fundamentales para el ciclo del agua y la conservación de especies como el oso andino. Según la CAR, estas áreas cumplen funciones esenciales en la regulación hídrica, la mitigación del cambio climático y la conservación de la biodiversidad, aspectos críticos ante la presión territorial y la inminente llegada de El Niño.



