Dormir bien se ha convertido en un reto creciente para las nuevas generaciones, especialmente para la llamada Generación Z (nacidos entre 1997 y 2012), que enfrenta cambios profundos en sus rutinas de descanso. Lo que antes era una actividad natural y regulada por horarios más estables, hoy se ha visto alterada por factores como el uso intensivo de dispositivos móviles, las redes sociales y una cultura que ha normalizado dormir menos.
El preocupante hábito nocturno de los jóvenes
Diversos estudios advierten que el descanso insuficiente ya no es un problema aislado, sino una tendencia generalizada entre los jóvenes. Según datos de la Sleep Health Foundation, el 93 % de las personas de la Generación Z reconoce que se mantiene despierta más allá de su hora habitual de dormir, en gran parte por el uso del celular y la interacción constante en plataformas digitales. Este hábito, aparentemente inofensivo, tiene consecuencias directas en la calidad del sueño y en la capacidad de conciliarlo.
El fenómeno no se limita únicamente a trasnochar por ocio. La exposición prolongada a pantallas durante la noche altera los ritmos biológicos del cuerpo, dificultando que el cerebro entre en estado de descanso. Esto se traduce en noches más cortas y en un sueño menos reparador, lo que termina afectando el rendimiento diario, el estado de ánimo y la salud en general.
Consecuencias para la salud mental y física
Las consecuencias de este patrón también han encendido alertas en el ámbito de la salud. Investigaciones coinciden en que los jóvenes que duermen menos de ocho horas tienen un mayor riesgo de desarrollar problemas de salud mental. La falta de descanso adecuado impacta procesos clave como la regulación emocional y la concentración, lo que puede derivar en cuadros de ansiedad, estrés y fatiga crónica.
En este contexto, especialistas en sueño han comenzado a advertir sobre el cambio cultural que está detrás de estos hábitos. Daniela Escalona, experta en sueño de Emma Colchón, explicó que: “Dormir poco dejó de verse como un problema y pasó a ser algo casi normal. Las redes sociales, los horarios irregulares y la presión constante de estar siempre disponibles han creado una generación que va a la cama tarde, duerme mal y se levanta cansada, pero lo asume como parte de su rutina”.
Este cambio contrasta con lo que ocurría en generaciones anteriores, donde existían límites más claros en las rutinas nocturnas. La ausencia de estímulos digitales facilitaba que las personas respetaran horarios de descanso más definidos. Hoy, en cambio, la conectividad permanente ha eliminado esas barreras, extendiendo las horas de vigilia y reduciendo el tiempo efectivo de sueño.
La situación en Colombia
En Colombia, esta problemática global también se refleja en cifras concretas. Un estudio sobre hábitos de sueño hecho por IKEA señala que los colombianos duermen en promedio 6 horas y 31 minutos por noche, una cifra que está por debajo de las 7 u 8 horas recomendadas por expertos. Este déficit evidencia que el problema no solo afecta a los jóvenes, pero sí tiene un impacto particular en ellos por su estilo de vida altamente digitalizado.
Recomendaciones para mejorar el sueño
Una de las recomendaciones más reiteradas es evitar el uso del celular antes de dormir, especialmente en la cama. Este simple hábito permite reducir la estimulación mental y facilita la transición hacia el sueño. Asimismo, establecer horarios regulares para acostarse, incluso durante los fines de semana, contribuye a estabilizar el reloj biológico. También se sugiere dedicar algunos minutos previos al descanso a actividades sin pantallas, como la lectura o ejercicios de relajación, que ayuden a preparar el cuerpo para dormir.
Otro aspecto clave es el entorno en el que se duerme. Mantener el cuarto oscuro, con una temperatura fresca y libre de interrupciones digitales puede mejorar notablemente la calidad del sueño. En casos donde el ruido externo sea un problema, el uso de sonidos constantes puede ayudar a bloquear las distracciones.
Conclusión
Los jóvenes de la Generación Z están adoptando hábitos nocturnos que perjudican su sueño y su salud. La exposición a pantallas y la conectividad constante han normalizado dormir menos, pero las consecuencias son graves. Es fundamental tomar medidas para revertir esta tendencia y priorizar el descanso.



