La tarde del 23 de diciembre de 2025, el teléfono de Kelly vibró. El número internacional confirmó sus peores temores. Sin contestar, la angustia la envolvía: ¿cómo se lo dirían? ¿En español, inglés o ucraniano? ¿Sería rápido o lento? ¿Qué quedó de él? Si estuviera vivo, él mismo llamaría. Pero no.
Antes de devolver la llamada, esta entró de nuevo. Con mano temblorosa y voz quebrada, Kelly respondió. Una mujer llamada Cloe, de la Legión Internacional para la Defensa de Ucrania, le informó que su esposo, Hernán Emilio Padilla, había muerto en combate cerca de Kupiansk, al noreste de Ucrania. La fecha: 21 de diciembre. La confirmación: su chapa era 'Rascabuchi'.
El viaje a la guerra
El 7 de octubre de 2025, Hernán le dijo a Kelly que se iba a España. Ella, guarda de seguridad en Bogotá, quedó en silencio. Dos días después, él llamó desde Estambul: su destino real era Ucrania. Kelly, que no veía noticias por indicación de su pastor, apenas conocía ese país. Hernán, exsoldado colombiano, buscaba un salario de 18 millones de pesos mensuales.
Tras un viaje en camión por Bulgaria, Rumanía y Moldavia, llegó a Dnipro para entrenar. A principios de diciembre fue enviado al frente. El 21 de diciembre, Kelly sintió una inquietud extraña mientras trabajaba. La imagen de las manos de Hernán cubiertas de nieve la perseguía.
La búsqueda del cuerpo
Kelly decidió viajar a Ucrania gracias a la indemnización que su hijo recibió por la muerte de su padre biológico, asesinado en 2009. El joven, que consideraba a Hernán como su papá, le dio el dinero para el viaje. A pesar de amenazas de tramitadores que intentaron estafarla, Kelly voló a Varsovia y luego a Kiev, llegando el 1 de marzo de 2026.
Durante 25 días, recorrió Ucrania en medio del frío y la soledad. En Dnipro visitó el batallón donde estuvo Hernán. En Járkov, conoció a Cloe y entregó documentos para obtener el registro de defunción y la indemnización. La burocracia y la paciencia se convirtieron en su tortura.
El regreso sin respuestas
Kelly regresó a Colombia sin el cuerpo de Hernán, sin trabajo y sin fuerzas. Ahora es dos veces viuda: una por un hombre asesinado en Colombia y otra por un hombre que murió en una guerra ajena. Recibe llamadas de otras familias que buscan a sus seres queridos desaparecidos en Ucrania. Su consejo: el silencio y el olvido, fríos como la nieve que atrapó a Hernán.



