Una vez más, la izquierda extrema colombiana retoma el discurso de la asamblea constituyente. El presidente Gustavo Petro insiste en esta idea, y el senador Iván Cepeda ha declarado que "ya no basta con protestar… ha llegado el tiempo de ser poder constituyente".
El riesgo de una constituyente en Colombia
Si la oposición triunfa en las elecciones presidenciales, como parece probable si Paloma pasa a segunda vuelta, la iniciativa estaría hundida. Pero si Cepeda ganara, los riesgos de aprobar una constituyente aumentarían considerablemente, dado el enorme poder presidencial en el país y la disposición de la izquierda a sobornar congresistas para impulsar sus proyectos.
La Constitución del 91 no es el problema
Los problemas nacionales no radican en la Constitución de 1991. A pesar de sus debilidades, es una buena carta que no es responsable de la violencia, delincuencia, corrupción y caos económico que han dejado cuatro años de bandidaje, incompetencia e ideas totalitarias de Petro y su círculo.
No hay que confundirse: la constituyente de la izquierda busca en realidad eliminar la prohibición de la reelección presidencial y erosionar el sistema de frenos y contrapesos, la autonomía del Congreso, la independencia de las Cortes y la separación de poderes. El objetivo es que el presidente pueda actuar sin control alguno. Recordemos que el camino venezolano hacia la dictadura comenzó con la constituyente chavista. No se trataría de profundizar la democracia, sino de demolerla.
El único camino legal para reformar la Constitución
La Constitución solo puede modificarse mediante un acto legislativo aprobado en el Congreso, un referendo o una asamblea constituyente. No hay otra vía. Según el artículo 376 de la Constitución, "mediante ley aprobada por mayoría de los miembros de una y otra cámara, el Congreso podrá disponer que el pueblo en votación popular decida si convoca una Asamblea Constituyente con la competencia, el período y la composición que la misma ley determine. Se entenderá que el pueblo convoca la asamblea, si así lo aprueba, cuando menos, una tercera parte de los integrantes del censo electoral. La asamblea deberá ser elegida por el voto directo de los ciudadanos, en acto electoral que no podrá coincidir con otro". Además, la Corte Constitucional debe pronunciarse sobre la constitucionalidad de la convocatoria antes del voto popular. Cualquier intento de convocar una constituyente al margen de este procedimiento sería inconstitucional y, si proviene del gobierno, constituiría un autogolpe de Estado. Afortunadamente, Petro no se ha atrevido ni se atreverá a dar ese paso.
Defender la Constitución del 91
El verdadero acuerdo nacional es la Constitución de 1991, en la que participaron prácticamente todas las fuerzas políticas y sociales del país. Es una carta de derechos y mecanismos de protección como pocas en el mundo. Lo que debemos hacer es defenderla de los ataques de Petro y Cepeda.
Rafael Nieto Loaiza, abogado y especialista en derecho constitucional.



