Estudio cuestiona que el Homo floresiensis cazara grandes animales y usara fuego
Estudio cuestiona caza y uso de fuego del Homo floresiensis

Un grupo de investigadores de varias universidades de Estados Unidos publicó este viernes un estudio que busca responder una de las preguntas más antiguas sobre el Homo floresiensis, conocido popularmente como el “hobbit” de Flores por su baja estatura. La cuestión central era cómo un homínido de apenas un metro de altura y con un cerebro mucho más pequeño que el de los humanos modernos podía haber cazado grandes animales como el Stegodon, un elefante enano extinto, y controlado el fuego.

Nuevas evidencias sobre la depredación en Liang Bua

El estudio, publicado en la revista Science, plantea que probablemente no era así. Tras analizar miles de restos óseos hallados en la cueva de Liang Bua, en la isla indonesia de Flores —donde se encontraron tanto fósiles de H. floresiensis como de Stegodon con marcas de depredación— los científicos llegaron a una conclusión distinta.

Para determinar quién había dejado esas marcas en los huesos del elefante enano, el equipo realizó un experimento con dragones de Komodo. Alimentaron a uno de estos grandes reptiles con el cadáver de una cabra y analizaron las huellas que sus dientes dejaban sobre los huesos. Luego compararon esas marcas con las presentes en más de 3.000 fragmentos de Stegodon recuperados en Liang Bua y con las producidas por herramientas de piedra. Esa comparación permitió diferenciar con precisión si un hueso había sido mordido por un dragón de Komodo o cortado por un homínido.

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Resultados: dragones de Komodo como principales consumidores

Los resultados revelaron que la mayoría de las marcas corresponden a dientes de dragón de Komodo y no a herramientas fabricadas por H. floresiensis. Además, esas mordidas aparecen sobre todo en los huesos que conservaban más carne, lo que indica que los reptiles fueron los primeros en acceder a los cadáveres.

En contraste, las pocas marcas de corte hechas por homínidos aparecen principalmente en partes del esqueleto con poco valor alimenticio o que probablemente quedaron abandonadas después de que los dragones consumieran la mayor parte del animal. Para los investigadores, esa distribución cambia por completo la interpretación tradicional del yacimiento. En lugar de mostrar a un pequeño grupo de homínidos derribando grandes elefantes enanos, la evidencia sugiere que H. floresiensis habría aprovechado animales muertos o los restos dejados por los dragones de Komodo, practicando carroñeo oportunista más que una caza organizada de grandes presas.

Sin evidencia de caza ni uso del fuego

Los autores aclaran que esto no significa que nunca pudiera cazar, sino que hasta ahora no existe evidencia convincente que lo demuestre. Tampoco encontraron señales de armas de proyectil ni daños en los huesos compatibles con ese tipo de actividad. El estudio también cuestiona otra idea extendida sobre esta especie: el uso del fuego.

Los científicos inspeccionaron más de 10.000 restos óseos en busca de señales de combustión. Solo encontraron un hueso de Stegodon con rastros de haber estado expuesto al fuego, pero todo indica que se quemó mucho tiempo después, cuando la cueva ya estaba ocupada por Homo sapiens. Además, analizaron miles de huesos de pequeños roedores. En los niveles arqueológicos asociados con H. sapiens, alrededor del 20 % presentaba señales claras de combustión. En cambio, en las capas donde únicamente vivió H. floresiensis no apareció ni un solo hueso quemado.

Replanteamiento de la imagen del hobbit de Flores

Según los autores, estos resultados indican que no existe evidencia sólida de que H. floresiensis controlara el fuego de manera habitual. Si realmente consumía carne de Stegodon, probablemente la comía cruda. Esta conclusión es importante porque el dominio del fuego suele considerarse uno de los grandes hitos de la evolución humana, ya que permitió cocinar los alimentos, obtener más energía de ellos, protegerse de los depredadores y ampliar las actividades del homínido durante la noche.

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Los investigadores sostienen que este trabajo obliga a replantear la imagen del “hobbit” de Flores. En lugar de ser un homínido pequeño pero sorprendentemente avanzado, la evidencia lo describe como una especie con un repertorio tecnológico y conductual más limitado que el de los neandertales o el de Homo sapiens. Esto no significa que fuera incapaz de fabricar herramientas o de adaptarse a su entorno, sino que probablemente no desarrolló conductas complejas como la caza de grandes animales o el uso controlado del fuego, capacidades que durante años se le habían atribuido.