Con ocasión de su bautizo hace 70 años en la conferencia de Dartmouth, el autor le pidió a la inteligencia artificial (IA) ponderarse a sí misma respecto a su comportamiento presente y futuro. Apeló a ChatGPT, Deep Mind, MS Copilot, entre otros, y en apretada síntesis le respondieron que, si bien desde que Alan Turing se preguntó en 1940 si las máquinas podían pensar y ya está probado que pueden, lo que vendrá no es auscultable ni predecible.
¿Aún es maleable la IA?
Les preguntó si aún era maleable. Felizmente, dijeron que aún lo es. Y cree que lo es porque no se ha dado lo que quizás sea la convergencia más crítica en la historia de la humanidad, que vendrá cuando la inteligencia artificial general (IAG) salte de pantallas, internet, de depender de un cable a coexistir con la humanidad en este planeta a través de sus hijos robóticos. La IAG combinará capacidades suprahumanas, asimilables en alcance al “magma” con que se crearon los dioses aún antes de Zaratustra, solo que ahora no serán metafísicos ni intangibles. La AIG será poderosa, decisoria y muy tangible.
El reto más importante del siglo XXI
Tener la sabiduría para definir desde ya el carácter de esa nueva deidad es tal vez el reto más importante del siglo XXI, de la historia entera. Es decir, ahora sí, el fin de la historia como la hemos conocido.
La IA de hoy dice que se portará como los humanos la programen, es decir, como la críen. Muy humano pensar así, pero ¿pensará lo mismo la IAG que su primitivo ancestro? ¿Piensa igual un Homo sapiens que un neandertal? Improbable. Esto en Europa hace 200 años habría sido materia de ficción y estudio, para un dominico medieval, leña de hoguera. Mientras que el mono desnudo de Desmond Morris no superó nunca el mito, la ficción quedó rezagada y está siendo relevada por las capacidades de la IAG, que pensará y decidirá como nadie nunca antes y no sabemos qué rumbo tomará.
La inteligencia sin compasión
Una inteligencia sin compasión podría condenarnos a vivir en una irreversible nostalgia, anhelo de ternura y amor humanos. Vendrán el mejor y el peor de los tiempos, como escribió Dickens. No hay que consultar al oráculo de Delfos para saber que la IAG creará algo parecido a la consciencia, se podrá autojuzgar, autodeterminar y trasladar sus decisiones al mundo físico. Cuando eso suceda, máquinas inteligentísimas tomarán decisiones por nosotros, pero ¿será en favor de la humanidad? La inteligencia no implica ética, compasión, restricción moral o amor. ¿Y la IAG pensaría por sí misma en acogerlas? Eso sería perfecto, porque un dios omnipotente y despiadado no le hace falta a nadie.
Valores humanos en los algoritmos
Por esto y por tantas otras razones que no caben en estas líneas, es fundamental e inaplazable que en sus algoritmos fundacionales se imbriquen estos valores, que sean incontrovertibles e imborrables, porque de otro modo nacería algo indestructible, operante al ritmo de muy humanas y bajas pasiones. Una inteligencia sin compasión podría condenarnos a vivir en una irreversible nostalgia, anhelo de ternura y amor humanos, la peor de las soledades y más allá, bajo una tiranía estricta e inescapable.
Qué paradoja: recuerda a un matemático brillante en su campo decir con sarcasmo que las humanidades eran una pérdida de tiempo, que por relativas y abstractas servían para muy poco en la vida real, pero ahora, cuando es evidente que la cúspide de la tecnología humana podría ser un monstruo si no abraza los valores que enseñan las facultades de humanidades, queda también probado en dónde reside lo esencial.
La lección de don Ramón de Zubiría
En las clases de ese cartagenero eminente e inolvidable que fue don Ramón de Zubiría, insistía, desde su inmovilidad infinita, sin cansancio y sin duda, cuando enseñaba de Dante, García Lorca, Machado, o del Quijote, que el secreto para una buena vida, para la supervivencia de la humanidad, está en el amor que cantó la Comedia en el siglo XIV: La “intelligenza d’amore”. Tampoco nunca había sido más claro que no hay otra inteligencia más elevada ni más valiosa para la humanidad, superior a cualquier técnica y a cualquier máquina.



