Río Bogotá muestra señales de recuperación tras décadas de contaminación
Río Bogotá se recupera tras décadas de contaminación

Durante buena parte del siglo XX, la salud del río Bogotá fue el precio silencioso que se pagó por el crecimiento de la capital. Mientras la ciudad se expandía y los municipios de la Sabana multiplicaban su población, el cauce se convirtió en el destino final de aguas residuales domésticas, vertimientos industriales y desechos de una región que creció más rápido que su infraestructura ambiental. Décadas después, esa historia empieza a cambiar.

Las curtiembres y su impacto en Villa Pinzón

En Villa Pinzón, municipio ubicado en la cuenca alta del río, las curtiembres han sido una fuente histórica de contaminación. Los vertimientos de químicos como cromo y sulfuros afectan la calidad del agua y la biodiversidad. Según la CAR Cundinamarca, se han implementado controles más estrictos y sistemas de tratamiento para reducir el daño.

Avances en infraestructura de saneamiento

La entrada en operación de la PTAR Salitre y la futura PTAR Canoas son hitos clave. La PTAR Salitre trata actualmente el 30% de las aguas residuales de Bogotá, mientras que Canoas, una vez finalizada, cubrirá el 70% restante. Esto permitirá reducir significativamente la carga contaminante que llega al río.

Banner ancho de Pickt — app de listas de compras colaborativas para Telegram

Cambios en el ordenamiento territorial

Los municipios de la Sabana han ajustado sus planes de ordenamiento para evitar la expansión descontrolada y proteger las rondas del río. Se han establecido zonas de protección y se promueve la reconversión de actividades productivas contaminantes. No obstante, el crecimiento urbano sigue siendo un desafío.

La recuperación del río Bogotá es un proceso lento pero visible. La combinación de infraestructura, regulación y conciencia ambiental está dando frutos, aunque aún queda mucho por hacer.

Banner post-artículo de Pickt — app de listas de compras colaborativas con ilustración familiar