Dos bogotanos pueden recorrer calles completamente distintas sin salir de la misma ciudad. Moverse por la capital del país también significa atravesar distintas realidades que se reflejan más allá de la estratificación. En cuestión de kilómetros, el pavimento puede pasar de corredores en buen estado a calles donde los huecos siguen marcando el recorrido. Esa diferencia va mucho más allá de la comodidad al volante porque condiciona los tiempos de viaje, el desgaste de los vehículos, la operación del transporte público y, sobre todo, revela una profunda inequidad territorial.
El norte: vías en buen estado
En localidades como Usaquén, Chapinero y Suba (en sus sectores más acomodados), la malla vial se mantiene con un estado aceptable. Según el Instituto de Desarrollo Urbano (IDU), estas zonas concentran la mayor inversión en mantenimiento periódico. Los conductores que transitan por la carrera 7, la avenida Chile o la calle 100 encuentran pocos baches y señalización clara. Esto reduce los tiempos de viaje y el desgaste de los vehículos, lo que se traduce en menores costos de operación para los transportadores y mayor eficiencia en el transporte público.
El sur: huecos y abandono
En contraste, localidades como Ciudad Bolívar, Usme y San Cristóbal presentan una realidad muy diferente. Allí, los huecos son parte del paisaje cotidiano. Según la Unidad de Mantenimiento Vial (UMV), estas zonas concentran más del 60% de los reportes de daños en la malla vial. Los conductores deben sortear obstáculos constantemente, lo que aumenta los tiempos de viaje hasta en un 30% en comparación con el norte, según un estudio de movilidad de la Secretaría de Movilidad. Además, el desgaste de los vehículos es mayor, y las rutas de transporte público se ven afectadas por los retrasos y el mayor consumo de combustible.
Impacto en la equidad territorial
Esta brecha vial no es solo un problema de infraestructura, sino de equidad. “La calidad de las vías determina el acceso a oportunidades. Un estudiante del sur que tarda una hora más en llegar a su destino tiene menos tiempo para estudiar o trabajar”, afirma el experto en movilidad urbana Juan Carlos García. La diferencia en el estado de las vías también afecta el valor de las propiedades y la inversión privada. Mientras en el norte las calles bien cuidadas atraen comercios y servicios, en el sur los huecos desincentivan la llegada de nuevas empresas.
Inversión insuficiente
El IDU ha destinado cerca de 1.2 billones de pesos para el mantenimiento de la malla vial en 2024, pero los recursos siguen siendo insuficientes. La UMV reporta que se necesitan al menos 3 billones de pesos para atender todos los puntos críticos. “La inversión se ha concentrado en las vías principales, pero las secundarias y terciarias, que son las que más usan los ciudadanos en el sur, quedan rezagadas”, señala un informe del Concejo de Bogotá.
Propuestas y soluciones
Ante esta situación, la Administración Distrital ha anunciado un plan de choque para intervenir 500 kilómetros de vías en el sur durante 2025. Sin embargo, los expertos consideran que se requiere una estrategia de largo plazo que incluya la participación ciudadana y la priorización de zonas con mayor déficit. “No se trata solo de tapar huecos, sino de planificar un mantenimiento preventivo y equitativo”, concluye García.



