El aire acondicionado se ha convertido en el centro de una inédita disputa política en Francia, mientras el país sufre una de las peores olas de calor registradas. La noche más calurosa desde 1947 dejó una temperatura mínima media de 21,6 grados, según datos nacionales. En este contexto, la 'clim', como se conoce popularmente al aire acondicionado, ha dividido al espectro político entre quienes lo ven como una falsa solución y quienes lo consideran una necesidad urgente.
La izquierda contra el aire acondicionado
La Francia Insumisa (LFI) de Jean-Luc Mélenchon encabeza la oposición al aire acondicionado. El partido argumenta que estos aparatos consumen grandes cantidades de energía y expulsan calor al espacio público, lo que agrava el calentamiento de las calles urbanas. Mélenchon, candidato a la presidencia en 2027, propone reforzar el aislamiento de los edificios y desarrollar redes de frío público, un sistema similar a la calefacción urbana pero que enfría mediante tuberías alimentadas por ríos cercanos. Esta tecnología, ya aplicada en 1.500 edificios en Francia, es madura pero poco conocida.
La ultraderecha apuesta por la climatización masiva
En el extremo opuesto, la Agrupación Nacional (RN) de Marine Le Pen defiende el aire acondicionado como una herramienta vital. El partido ultraderechista ha detallado un plan de 20.000 millones de euros para combatir el calor, que incluye la instalación de 20 millones de nuevos aparatos en todo el país. Le Pen, cuya candidatura al Elíseo depende de una sentencia de apelación el 7 de julio por un caso de malversación de fondos del Parlamento Europeo, declaró: "Es absurdo dejar que las personas se mueran de calor". El plan contempla climatizar escuelas (solo el 5% lo están actualmente), hospitales públicos y residencias de ancianos, donde la refrigeración no cubre todas las estancias.
El giro del progresismo: París instala aire acondicionado en escuelas
En París, la ciudad más poblada y donde el asfalto amplifica el calor, algunas escuelas alcanzan los 35 grados. El alcalde socialista Emmanuel Gregoire anunció la instalación de 1.200 aparatos de aire acondicionado en unas 600 escuelas, aunque calificó la medida como "una respuesta temporal" y mantiene su oposición de principio a la 'clim'. Este giro también se refleja en los Ecologistas: su líder, Marine Tondelier, reconoció que "hay lugares en los que el aire acondicionado es imprescindible" y propuso cinco días libres al año para los trabajadores durante olas de calor.
El Gobierno de Macron busca un equilibrio
El Ejecutivo de Emmanuel Macron intenta mantener una posición intermedia. El ministro delegado de Transición Ecológica, Mathieu Lefèvre, declaró en la radio RMC: "El debate no es estar a favor o en contra. Sería absurdo oponerse al aire acondicionado por principio y dogmatismo, pero no puede ser el alfa y el omega de la adaptación al cambio climático".
La opinión pública: culpa y necesidad
El diputado ultraderechista Matthias Renault citó una encuesta para denunciar "el dogmatismo" de la izquierda: "La mitad de los franceses se sienten culpables por poner el aire acondicionado", lamentó en una entrevista en LCI. La disputa refleja una Francia dividida entre la necesidad de protegerse del calor extremo y la conciencia ambiental.



