La llamada del presidente estadounidense Donald Trump al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, para que la comisión de disciplina reexaminara la tarjeta roja impuesta a Folarin Balogun no es el primer caso de injerencia política en un Mundial. A lo largo de la historia, varios gobiernos y líderes han intentado influir en el desarrollo de la Copa del Mundo.
1934: las presiones de Mussolini
La Italia fascista organizó la segunda Copa del Mundo de la historia. Benito Mussolini, 'Il Duce', que no apreciaba el fútbol a diferencia de su pueblo, vio en el torneo una ocasión ideal para glorificar su régimen político. Presente en cada partido, Mussolini bajaba a los vestuarios y el arbitraje resultó muy favorable para el país anfitrión, que finalmente se consagró campeón. La FIFA decidió después suspender de por vida a dos árbitros por su parcialidad.
1938: las presiones de Mussolini (bis)
Un año antes de la Segunda Guerra Mundial, Austria, recién anexionada por la Alemania nazi, se retiró del torneo y varios de sus jugadores se vieron obligados a jugar para la Mannschaft, forzados además a ejecutar el saludo nazi en el Parque de los Príncipes. Sin embargo, Alemania no pasó de octavos de final. Italia conservó su título, con sus jugadores vistiendo camisetas negras que recordaban el uniforme de los milicianos italianos. Antes de la final, Mussolini les envió un mensaje breve pero escalofriante: 'Vencer o morir'.
1978: sospechas de corrupción en Argentina
Organizado bajo la dictadura del general Jorge Rafael Videla, el Mundial pretendía lavar la imagen del régimen. Argentina conquistó su primer título, empañado por fuertes sospechas de corrupción. En la segunda fase, la Albiceleste debía vencer a Perú por al menos 4 goles de diferencia para superar a Brasil y disputar la final. Los peruanos, que habían mostrado una defensa sólida al inicio del torneo, se desmoronaron y cayeron 6-0. Con los años, sin que se haya aportado jamás una prueba concluyente, varios testimonios denunciaron un acto de corrupción entre ambas dictaduras.
1982: Francia-Kuwait y la irrupción del jeque
En Valladolid, los Bleus marcaron el 4-1 por medio de Alain Giresse, un gol protestado por los kuwaitíes, que habían oído un silbato (procedente de las tribunas) que creyeron que señalaba un fuera de juego. Cuando el árbitro ya había validado el tanto, el jeque Fahad al-Ahmed al-Jaber al-Sabah, hermano menor del emir y presidente de la Federación de Fútbol de Kuwait, bajó de la tribuna y entró en el terreno de juego para protestar la decisión. En medio de la confusión, el gol fue anulado por el árbitro, que pagó el precio con una inhabilitación de por vida por parte de la FIFA.
2026: la llamada de Trump a Infantino
Disconforme con la tarjeta roja mostrada a Folarin Balogun durante la victoria de Estados Unidos contra Bosnia-Herzegovina en los dieciseisavos de final, que implicaba la suspensión automática del delantero estadounidense para el siguiente partido contra Bélgica, Donald Trump llamó al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, para solicitar la revisión de la sanción. Cuatro días más tarde, la FIFA anunció que su comisión de disciplina había modificado la sanción: el partido de suspensión firme fue conmutado por 'un partido de suspensión condicional, acompañado de un período de prueba de un año'. Como consecuencia, el máximo goleador de Team USA en esta Copa del Mundo pudo alinearse en Seattle el lunes, en el partido de octavos de final contra los Diablos Rojos.



