Cada vez que se acercan unas elecciones, resurge la misma pregunta en las conversaciones cotidianas: en los barrios, las tiendas, las universidades y hasta en las reuniones familiares. ¿De verdad las cosas pueden cambiar? Muchos ciudadanos han perdido la fe en la política porque durante años han sido testigos de campañas llenas de promesas que se desvanecen apenas terminan las votaciones.
Una oportunidad para hacer las cosas diferente
Las elecciones del próximo 31 de mayo deberían representar una oportunidad para actuar de manera distinta. No como un simple enfrentamiento entre candidatos o partidos políticos, sino como un momento para recuperar algo que se ha ido perdiendo gradualmente: la confianza de la gente.
Hoy, la ciudadanía está harta de una política basada en ataques, rumores y divisiones. La gente demanda soluciones reales. Quiere líderes que hablen con honestidad sobre los problemas del país y las regiones, pero que también tengan la capacidad de escuchar a quienes viven a diario las dificultades del desempleo, la inseguridad y la falta de oportunidades.
La corrupción empieza en lo pequeño
También debemos reconocer algo que a menudo se evita mencionar: la corrupción no comienza únicamente en las grandes instituciones. Empieza cuando normalizamos pequeñas prácticas incorrectas durante las campañas, cuando se compra el voto aprovechándose de las necesidades de las comunidades o cuando se utilizan ayudas y favores para manipular la voluntad de las personas.
La transparencia no puede limitarse a un eslogan bonito en una tarima o a una frase repetida en redes sociales. Debe demostrarse con campañas limpias, con respeto por las reglas y con la capacidad de sostener debates sin convertir al contradictor en enemigo.
El papel de los ciudadanos
Pero esta responsabilidad no recae únicamente en quienes aspiran a ocupar cargos públicos. Los ciudadanos también tenemos un papel fundamental. Votar no debería ser un acto de costumbre ni de presión; debería ser una decisión consciente sobre el tipo de sociedad que queremos construir.
En muchas ocasiones escuchamos que “todos los políticos son iguales”. Tal vez esa frase nace del cansancio y la decepción de millones de personas que sienten que nunca son escuchadas. Sin embargo, resignarnos sería el peor error. La democracia necesita ciudadanos críticos, participativos y capaces de exigir resultados.
Liderazgos que unan, no que dividan
El país atraviesa un momento donde la polarización parece ocupar todos los espacios. Y precisamente por eso se necesitan liderazgos responsables, capaces de unir en lugar de dividir. La política debería servir para encontrar soluciones colectivas, no para profundizar los conflictos entre ciudadanos.
Las elecciones del 31 de mayo serán importantes no solo por quienes resulten elegidos, sino por la manera en que decidamos participar en ellas. Porque al final, más allá de cualquier resultado, lo que realmente está en juego es la posibilidad de volver a creer en una política hecha con responsabilidad, transparencia y respeto por la gente.
Jesús David Tatis Guerra, Cartagena de Indias



