La queja de que esta ha sido una de las peores campañas políticas de las que tengamos memoria se repite sin digerirla. Sí y no. Depende de quién la diga. Por ahora, está en boca de los candidatos sin opciones ni representatividad que, para comenzar a mejorarla en algo, deberían retirar sus nombres de los escrutinios.
También la reiteran algunos medios acusando de deficiencia en la información de las diferentes propuestas, como si su trabajo no fuera precisamente suplir esa carencia con contenidos que permitan a la gente tomar decisiones; pero les ganó el activismo disfrazado de línea editorial y no hubo tiempo o espacio para más.
E, increíblemente, le hacen eco los ciudadanos que, sin rubor, aprendieron rápido a subirse al pedestal moral superior para acusar las campañas de sus adversarios. Y para señalarlos, unos y otros acuden a frases tan manidas como antipáticas: ponerse del lado correcto de la historia, lograr el país que soñamos o conocer la historia para no repetirla, en una retahíla que solo pretende ocultar que, si nos quitamos las máscaras, tenemos las campañas, candidatos y propuestas que nos merecemos.
¿Qué revela la crítica sobre los seguidores?
¿O será que, entre nuestros conocidos, buena parte de los seguidores del tigre no han sido desde siempre exponentes de su patanería y ordinariez, pero sobre todo de su perspectiva aspiracional en lo particular y lo general? No necesitan plataforma para adherir. Son tales para cual. ¿O la mayoría de los seguidores de la candidata en cuerpo ajeno no son los que más gritan y cuando no encuentran reacción suelen patear el tablero en medio de insultos y desaguisados? ¿O los seguidores de Cepeda no son los más doctrinarios y los de Fajardo los más soberbios y los de Claudia los más resentidos?
La campaña como espejo social
Al comenzar la campaña pedimos y nos proponen lo que no somos. Luego decimos que aceptamos lo obvio y lo imposible, que va desde “cero corrupción” a la “tan anhelada paz”; y finalmente llegan los algoritmos que desnudan las emociones y las bajas pasiones. No es verdad que el debate público se haya pauperizado. Apenas se ha ido delatando.
@marioemorales y mariomorales.co
Por Mario Morales



