La periodista Laura Galindo cuestiona la donación de 60 millones de dólares (casi 210 mil millones de pesos) que el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), cuyo principal accionista es Estados Unidos, otorgó al gobierno entrante de Abelardo de la Espriella para financiar el proceso de empalme con la administración saliente del presidente Gustavo Petro. En su análisis, Galindo plantea varias interrogantes: ¿por qué el BID realizaría esta donación a Colombia? ¿cómo puede el gobierno de Abelardo recibir y usar ese dinero sin haberse posesionado aún? ¿no deberían gestionarse las operaciones internacionales a través de entidades públicas vigentes?
Antecedentes del empalme en Colombia
Hasta ahora, los empalmes entre gobiernos colombianos se realizaban con funcionarios ad honorem y sin necesidad de presupuesto. Ejemplos como Pastrana-Uribe, Uribe-Santos, Santos-Duque y Duque-Petro no costaron ni un solo peso. Galindo señala que, aunque se parta de la buena fe del BID y de que los 210 mil millones no sean reembolsables, surge la pregunta: ¿de verdad es necesario usarlos en un empalme que puede hacerse gratis?
Comparación con otros proyectos sociales
La periodista compara el monto del empalme con otras inversiones prioritarias para el país. La universidad de Tibú, que permitirá a miles de jóvenes campesinos estudiar carreras técnicas y profesionales, costó 39 mil millones de pesos. El empalme equivale a cinco veces esa cantidad. El programa Artes para la paz, que brinda educación artística a niños y jóvenes víctimas del conflicto, costó 615 mil millones en los últimos cuatro años. Con el dinero del empalme se podría cubrir, como mínimo, un año más de esta apuesta por la restitución a través del arte.
El fútbol femenino como ejemplo
Galindo también menciona la liga de fútbol femenina, que cuesta 40 mil millones de pesos y es deficiente en términos de formación, salarios y condiciones laborales. Una liga como la de España, que garantiza la profesionalización del fútbol femenino, cuesta cerca de 200 mil millones de pesos al año, casi lo mismo que el empalme. La autora insiste en que el dinero podría destinarse a mejorar esta liga o a otros proyectos sociales.
Conclusión y crítica
Finalmente, Galindo se pregunta si en realidad es necesario usar esos recursos en algo que puede hacerse gratis, y si la austeridad se reduce solo a reducir instituciones de cohesión social a simples carteras. La donación del BID sigue generando polémica y las respuestas aún no llegan.



