Durante el Festival de Economías para la Vida, celebrado el pasado sábado 2 de mayo de 2026, se llevó a cabo el panel "Cambio de modelo: los motores del desarrollo (transición energética, agro e industria)", en el que expertos coincidieron en que Colombia enfrenta un punto de inflexión: avanzar hacia una transformación productiva o mantener una estructura dependiente de los recursos naturales.
Principales conclusiones del panel
El panel contó con la participación de Mario Valencia, exdirector del DNP; Hernán Ceballos, exdirector de Innpulsa; Itayosara Rojas, asesora del Ministerio de Agricultura; y Carlos Suescún, profesor de la Universidad Javeriana. La principal conclusión fue que el agro, la transición energética y la industria deben ser los pilares de un nuevo modelo económico para el país.
Reindustrialización y política nacional
Hernán Ceballos destacó que la Política Nacional de Reindustrialización, respaldada por instrumentos como la Ley 2294 de 2023 (Plan Nacional de Desarrollo) y documentos Conpes, busca superar las brechas sociales y productivas. Esta estrategia incorpora elementos como la inclusión social, la acción frente al cambio climático, el fortalecimiento de la economía popular y la territorialización de las políticas públicas.
Ceballos subrayó que la estrategia se sostiene sobre varios pilares: el desarrollo de capacidades productivas, la incorporación de tecnología en cadenas existentes y nuevas, y, especialmente, el acceso a financiamiento. En ese punto, se insistió en que los procesos de cambio tecnológico requieren inversión sostenida, y que en Colombia este componente ha sido históricamente débil. También resaltó el papel de la ingeniería como un factor clave, y a menudo subestimado, en la implementación de políticas industriales.
Resultados y desafíos
En el panel se enfatizó en los resultados como el crecimiento de las exportaciones asociadas a la reindustrialización, que habrían alcanzado cerca de US$8.000 millones, impulsadas en buena medida por sectores vinculados a la salud y la transición energética. Asimismo, se destacó el aumento en la importación de maquinaria y equipos como mecanismo de incorporación tecnológica, aunque se advirtió sobre la necesidad de desarrollar capacidades productivas locales para no depender exclusivamente del exterior.
El debate también puso sobre la mesa críticas a la falta de encadenamientos productivos internos. Se mencionaron ejemplos como la importación de componentes para energías renovables o grandes proyectos de infraestructura, donde, según los panelistas, Colombia podría tener una mayor participación industrial.
Financiamiento y rol del sector privado
En materia de financiamiento, Mario Valencia, exdirector del DNP, resaltó el rol de entidades como Bancóldex, Findeter y Finagro, así como la necesidad de fortalecer instrumentos como el Fondo Nacional de Garantías. Sin embargo, se advirtió que el éxito de la reindustrialización dependerá también de una mayor articulación con el sector privado, que sigue siendo el principal ejecutor de la actividad industrial.
Transición energética como factor de competitividad
Los panelistas coincidieron en que la transición energética debe entenderse no solo como un objetivo ambiental, sino como un factor de competitividad e inserción en cadenas globales de valor. Además, se insistió en la importancia de sectores como los servicios basados en conocimiento y el turismo como nuevos motores de desarrollo.
Entre los avances destacados, se mencionó el crecimiento de las exportaciones no mineroenergéticas, que ya representarían más de la mitad del total, así como la reducción del déficit en cuenta corriente y el aumento en el número de empresas activas en el país. También se resaltó la recuperación del empleo en sectores como la industria manufacturera.
Desafíos estructurales persistentes
No obstante, una de las conclusiones es que persisten desafíos estructurales. Entre ellos, la necesidad de una reforma fiscal que incentive la producción, tasas de interés más favorables para la inversión y un rediseño institucional que facilite la transformación productiva. También se advirtió sobre la baja productividad y la fragilidad del tejido empresarial, caracterizado por la alta informalidad y la corta vida de muchas empresas.
Finalmente, se planteó que la transición hacia un nuevo modelo económico exige una mayor articulación entre política industrial, agroindustria, innovación, educación y desarrollo territorial. Solo así, concluyeron, será posible consolidar una economía con mayor valor agregado y orientada a mejorar las condiciones de vida de la población.



